Full text: no. 44 (1883,44)

  
316 MUSEO DE NOVELAS. 
LOS TRES MOSQUETEROS 
(Continuacion). 
—¿Cómo no me habia de interesar por vos? 
Aunque no fueseis tan bella a y tan encantadora, | 
¿bo sois la amiga de uno de mis mejores amigos? 
—¡Querido d'Artagnan! ¡oh! ¡como os dará las 
gracias! 
—Así lo espero. Vamos, todo está ya conve- 
nido; bajemos. 
—¿Vos vais al jardin? 
—SÍ. 
—Pues seguid ese corredor; una pequeña es- 
calera os conduce á él. E 
—Perfectamente, gracias. 
Y las dos jóvenes se separaron cambiando en- 
tre sí una encantadora sonrisa. 
Milad y habia dicho la verdad; tenia pesada la 
cabeza, pues sus proyectos, mal coordinados to- 
davía, se chocaban en ella como en un caos. Te- 
nia nédósidad de estar sola para poner en órden 
sus ideas; veia vagamente el porvenir, pero ne- 
cesitaba algun silencio y quietud para dar á to- 
das sus ideas, todavía confusas, una forma dis- 
tinta, un plan trazado. 
Lo que consideraba mas urgente era robar á: 
la señora Bonacieux, ponerla en seguridad, y 
guardarla allí como rehenes. Milady comenzaba 
á temer las consecuencias de aquel duelo sas? 
ble us enemigos ponian tanta 
ra 10) 
       
        
presiento la aproxi- 
de un huracan, que aquellas consecuen- 
cias se acercaban y Mus no poc de serle 
terribles. 
resen lia como se , 
   
   
su u poder á laigeñora Bonacieux. La se- 
   
   
ien, este punto estaba decidido; la se- 
cieux la seguia sin desconfianza; una 
on ella en Armentieres, era muy fá- 
cil hacerla creer que d'Artagnan no habia venido 
á Béthune. Dentro de quince dias á lo mas, Ro- 
chefort: estaria de regreso. En estos quince dias 
ella veria habia de hacer para vengarse 
g0S.. No se fastidiaria, á Dios 
el mas dulce pasatiempo 
conceder á una mujer d 
buena venganza que perfec- 
  
  
  
  
   
  
  
cionar. 
y grababa en su cabeza la topografía del jardin. 
Milady era como un buen general que prevé de 
antemano la victoria y la derrota, y que está dis- 
| puesto, segun los azares de la batalla, á marchar 
adelante, ó á batirse en retirada. 
Al cabo de una hora oyó una voz dulce que la 
llamaba: era la señora Bonacieux. La buena aba- 
desa habia naturalmente consentido en lodo, y 
para principiar iban á comer juntas. 
Al llegar al patio, oyeron el ruido de un car- 
ruaje que se detenia á la puerta. 
Milad y escuchó. 
—¿0ís? le dijo. 
—5i, el rodar de un carruaje. 
—Es el que nos envia mi hermano. 
—¡Oh! ¡Dios mio! 
—¡Vamos, ánimo! 
Llamaron á la puerta del conv ento, milady no 
se habia engañado. 
—Subid á vuestra habitacion , dijo á la señora 
Bonacieux, tendreis algunas alhajas que desea- 
reis llevaros. 
—Tengo sus cartas, dijo. 
—Pues bien, id por ellas, y venid á reuniros 
conmigo en mi habitacion, comeremos de prisa; 
lal vez viajemos una parle de la noche,.es me- 
nester tener ánimo para ello. 
—¡Gran Dios! esclamó la señora Bonacieux 
  
  
| 
  
  
incipal para ja como heidd dicho, era | 
¡- | al galope, daria vuelta al conver 
ganaria la aldea á pié; ya 1 
     
    
   
  
Siempre pensando, miraba en derredor suyo 
metiendo la mano en su pecho, Er Corazon me 
ahoga, ¡no puedo andar! 
—¡Animo! vamos, ¡ánimo! ¿e que dentro A 
de un cuarto de hora estareis salvada, y pensad 
que lo ae vais á e 
  
  
  
  
hacer es por él. ed 
- —i0h! sí, todo, todo por él. Me habeis salió 
todo mi ánimo con una sola palabra, 1d, qe 
pronto. iré á reunirme con vos. ) 
Milad y subió con ligereza á su habitacion; en- 
comttá al lacayo de  RoBh oia | 
lrucciones. , S 
Debia esperar á la $ 
aparecian los mosqueteros, el 
       
   
   
   
rar á milady á una aldea que e 
otro lado del bosque. 
En este caso, milady at 
lady conocia perfectamen 
Francia. 
  
Si no recien los mosqueleros, todá olla E 
  
como habia sido convenido. La señora Bonacieux 
    
   
  
=subiria, al estribo con pretesto de despedirse de S 
  
   
ella, y ella robaria 4 la señora Bonacieux 
ta :ntró, y á fin de quitarle toda sosp 
       
| guna, milady repitió delante de ella al 
lacayo la última parte de sus instrucciones. 
Milady hizo algunas preguntas acerca del car- 
  
  
  
  
  
ha, AS E 
  
  
 
	        
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