Full text: Tomo 2 (02)

86 CARLOS SOLO 
Con la ayuda de sus útiles los burghers 
se pusieron á la obra y cavaron una pro- 
funda fosa. 
Este trabajo fué largo y penoso, duró 
hasta las diez de la mañana. 
Lise Josselín y Elena de Champigny esca- 
lando las rocas fueron á coger lianas y 
flores silvestres con las que formaron una 
corona. 
Gedeón, Eustaquio, el señor Donegal y 
Benjamín Coco, con la vista apagada y 
descorazonados velaban al muerto, 
Arístides Lavignette había desaparecido. 
De repente, se había dirigido á uno de 
_los burghers y le había pedido prestado 
aguja é hilo del que los boers están pro- 
vistos en campaña. 
Fué á Paméla y no sin antes haber gas- 
tado mucha diplomacia, le hizo poner el 
.zagalejo de cretona azul claro que la negra 
llevaba debajo de los vestidos. 
Registró el saco de Van Berkel y sacó 
un trozo grande de esta tela blanca des- 
tinada á la curación de las heridas. 
Sacó de sus manos la bandera inglesa 
_ robada en el campo de concentración y 
- Quitando la parte roja hizo de ella una 
“larga tira que cosió con grandes puntadas. 
Y con los oropeles en la mano fué á 
agazaparse detrás de la antractuosidad de 
de las rocas para dedicarse á un eric se- 
creto, 
Sobre la altura hab tado los de 
des de cavar la fosa. 
—¡ Pobre amigo!—dijo. Eustaquio Gali-. 
- ¿mard—, tenemos que abandonarte en tie- 
_ Tra extranjera, sin una tabla para. proteger 
tus restos, 
—| Tendrá al menos el sudario de be 
valientes !—respondió una voz detrás de 
color que había conteccionado por medió 
de trozos de tela reunidos por manera ex 
traordinaria, : 
En aquella ocasión la inspiración del e 
mico; había hecho una cosa sublime, qué 
hizo vibrar todos los corazones. 
Estos tres pingajos burdamente cosid 
¿ho evocaban para todos ellos, la lejana 
patria que Juan de Keradec ya no volvería 
á ver? 
Como Arístides decía, estos colores, azu 
blanco y rojo, iban 4 hacer al héroe mmef 
to el más glorioso sudario. 
Podía dormir en paz, el valiente sol 
dado de Francia. 
El emblema de la patria protejería sl 
último sueño, de 
La señorita Montecristo se destacó del 
grupo y ayudó á Arístides 4 envolver 
cadáver en los pliegues de la bandera. h 
Dos burghers tomaron el cuerpo, y dub 
cemente depositaron en la fosa con la ca 
beza en la dirección del Nordeste, com0 
él había dicho, El acto era conmovedor, 
Todos nuestros amigos estaban arrodk 
llados; gruesas lágrimas corrían por sus 
mejillas, 
Van Berkel salmodiaba el himno de los 
muertos, 
Puñado por puñado fué echada la tierra 
Erigióse sobre el terreno un montículo de 
guijarros, Gedeón colocó una cruz formada 
con dos palos de un fusil roto. 
Zezétte y Elena ataron la corona. 
Después de un último y supremo adi 
montaron todos á caballo y se alejaron ! 
volver la cabeza; tal y tan profundo : 
su dolor. 
Ps 
  
  
— MADRID Imp. de A. 
  
Marzo. San pm exegildo, 32, duo. Paléloao, r 977 Es 
 
	        
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