Full text: El cuarto núm. 111

  
es E A EUGENIO. HELTAI 
  
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el Aalto le debía dinero a todo el mundo, y si 453 
+ davía tropezaba con alguien que, compadeciéndose .- 
de mí, aceptase el jugar conmigo, continuaba per- 
diendo, perdiendo siempre. Mis caballos no logra- 
ban ganar ni.siquiera un mísero handicap. Little - 
Trog, en quien tenía puestas mis esperanzas para - 
ganar el Derby, llegado el momento hubo de fraca= 
sar lo mismo que su amo. Mi usurero preferido, que 
era el viejo Sonnenstein, atendióme aún por la, 
suma de mil coronas; pero el resto de mi crédito 
- quedó agotado. Hubiera sido preciso encontrar 
- para mí cualquier ocupación, un empleo con suel- ó 
“do mensual; pero no sentía “el menor deseo. mi 
la menor fuerza para buscarlo, además, ¿en qué 
me habria yo podido ocupar? No conocía ningún - 
oficio honrado. (Un tiempo hubo en que quise ser 
- médico—mi padre también lo era—; pero, ha- 
biendo heredado ar su muerte una considerable 
fortuna, abandoné todo trabajo serio, enloqueción 7 
dome el bienestar.) 
En mi fuero interno me sentía completamente 
destrozado, roído por toda clase de venenos: al- 
cohol, "nicotina, opio, morfina, éter...; a los treinta 
y cinco años estaba deshecho. Los días y las no- 
ches los pasaba fumando y bebiendo; por causa de 
los numerosos soporíficos que tomaba, no me era 
posible dormir, y si alguna vez lograba conciliar el 
sueño por unos instantes, veíame torturado con 
terribles visiones: en un segundo sufría angustias 
equivalentes a varios años de dolor. Tan pronto me 
adi encadenado en una Prisión, con ratas | 
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