Full text: La posada maldita (Bd. 3)

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que un hombre al que quieren enviar al cadalso 
se refugia por adelantado en el cementerio ? 
Al cabo de tres meses se presentó una buena 
Ocasión y se marchó á América con un pelotón 
de alemanes, y como era alsaciano, pasó por uno 
de ellos. : 
—Pero según parece tenéis una cueva—dijo, el 
excochero. 
—Sí, es cierto. 
—Pues eso es lo que quiere ver el amm: 
-—La verá, no os apuréis. : ¡ 
La llegada de Juan el matarife interrumpió la 
conversación de Rigolo y el excochero. 
Juan precedía á Rocambole tan sólo algunos 
minutos, : : 
—He visto al entrar una porción de gente que 
me pareció sospechosa—dijo. : 
—¿Y qué nos importa?—dijo el excochero.—El 
amo no tiene miedo á nadie ni á 'nada. 
Juan el matarife estaba no menos asombrada 
que el excochero' al ver que Rigolo estabia tan 
solo y tranquilo. 
Hubo una segunda edición del relato; y Rigolo 
-_Horó y rió otra vez y así pasó una hora hasta 
que llamaron á la puerta. A 
Era el mulato ó mejor dicho Rocambole, pero 
tan bien metamorfoseado que el excochero no le 
reconoció más que en la voz. 
- —Cierra bien tu puerta, amigo mío—dijo á Ri- 
golo,-—y no sólo ésta, sino la de la casa ¿no tie- 
ne gerrojo? 
—Sí, señor—contestó sorprendido, Rigolo. 
Rocambole sacó el reloj y dijo: : 
- —No son aún más que las ocho, pero convieng 
 Apresurarse. | 
Y al mismo tiempo se desabrochó el gabán y 
- dejó sobre la mesa dos pistolas y un puñal. 
 
	        
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