Full text: Después de la guerra

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“Y no se diga que la obligación impuesta al go- 
bierno, por la ley de 22 de noviembre del 72 de dar 
cuenta al próximo Congreso, de las transacciones y 
arreglos que hiciere no pudo tener más valor que el de 
un simple aviso de haber celebrado esos arreglos sin 
que el Congreso tuviera la facultad de aprobarlos o 
desaprobarlos; pues si así fuese, carecería de objeto, 
y sería completamente supérflua tal condición, puesto 
que sin necesidad de ella los gobiernos tienen en todo 
caso, el deber de rendir cuenta de sus actos, sin excep- 
tuar, por cierto, las transacciones y arreglos que hicie- 
ren sobre cuantiosos intereses del Fisco. 
“Es regla general de criterio jurídico, suponer que 
las disposiciones legales han de llevar precisamente al- 
gún objeto, pues de otro modo no tendrían razón de 
ser; y en caso de duda y de interpretación de su senti- 
do, ha de dárseles el que algún propósito lleven, nunca 
el que ninguno. : 
“Si hubiera de suponerse, que ese determinado 
cargo de dar cuenta, no significaba otra cosa que la 
general obligación que los gobiernos tienen de rendir 
cuenta de sus actos, sería completamente inútil tal 
disposición legislativa. 
“Muy al contrario, el precepto general de rendir 
cuenta, tiene por objeto establecer la responsabilidad 
del gobernante y de sus Ministros; y la disposición 
especial y condicional de dar cuenta de ciertos arre- 
glos o contratos, lleva el propósito de buscar en el Con- 
greso una mayor garantía de acierto, para determina- 
dos, valiosos o discutibles intereses, y en consecuencia 
 
	        
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