Full text: 1.1911=Nr. 4 (1911000104)

' 
! 
A 
N 
[ 
! 
_—— 
  
De 
  
LA 
INCOMPRENSIBLE ALBION 
SUS MUJERES Y SU MORAL 
Cómo se ama con un corazón inglés 
En mi casa hay una inglesita que tiene 
€l pelo de cáñamo y sus ojos de esmalte. 
Todas las mañanas entra en mi cuarto: 
—Good morning, sir. 
—Good morning, miss. 
“Y enseguida comienza á hablar. ¿Qué 
dirá? Las inglesas hablan siempre, aunque 
sepan que no se las entiende una palabra. 
Yo ya me he acostumbrado á ver á la in- 
glesita de mi casa y no aspiro á entender- 
le: me conformo con la. música. 
Luego, ya solo, me abismo en hondas re- 
flexiones. Esta inglesita —me digo— tiene 
el pelo de cáñamo y los ojos de esmalte; 
pero, sin embargo, parece de verdad. Es 
alegre, bonita é ingenua y le gustan mu- 
cho los pasteles. Si no es una mujer de 
verdad, por lo menos está muy bien imi- 
tada. : 
—Diga Vd., señorita —la pregunté yo el 
otro día— ¿es cierto que Vdes. las ingle- 
sas no son de carne y hueso? 
—¿Y de qué somos, entónces? 
—Yo no lo sé. No tengo bastante espí 
ritu poético para suponer á las inglesas 
hechas de nardos, azucenas y rosas, pero 
tampoco descubro en ellas humanidad su- 
ficiente. Un amigo, que vive hace muchos 
años en Londres, me ha dado su palabra 
de honor de que las inglesas tienen cora- 
zón. Puede ser, pero falta averiguar si el 
corazón de las inglesas es legítimo ó fal- 
sificado. Por mi parte, yo he ensayado en 
Londres con cierto éxito las miradas Gó- 
ssitz, pero no me hago ilusiones. Yo sé 
que una inglesa no matará ni morirá nun- 
ca de amor. Las inglesas aman con sus 
corazoncitos de confección inglesa y el 
amor es para ellas una cosa muy dulce, 
todo hecho de ternura, de palabras melí- 
fluas y de caricias delicadas. Ni sal ni pi- 
mienta. En España, el amor es apasionado, 
violento y, muchas veces, trágico: los espa- 
ñoles todavía matamos de vez-en cuando á 
una mujer porque la queremos mucho. En 
París, el amores artificial. No tiene pasión 
“pero tiene malicia, perversidad y refina- 
miento. Es algo así como esos platos que 
  
los franceses llaman ¿res épicés, y de los 
que se come aunque no se tengan ganas, 
incitados por el picantillo de las salsas. 
Pues el amor en Londres no tiene pasión 
ni perversidad, Es una sensación muy ra- 
ra la que se produce. Uno se (enamora á 
la inglesa y exseguida se desarrolla en él 
una bondad sencilla y apacible que le ha- 
ce sonreir á todo el mundo y enternecerse 
por cualquier cosa de una manera comple- 
tamente estúpida. Le dan á uno ganas de 
comer dulces, de hacer versos y de beber 
agua azucarada y se va uno á pasear por 
los parques á las mañanas, temprano, Por 
las noches se acuesta uno á primera hora 
y se duerme con un sueño puro, y feliz 
como si uno fuese un imbécil. 
Y es que la inglesa es una mujer ino- 
cente, ¡Tan inocente que no ve picardía en 
ninguna cosa! La inocencia, como estas 
muchachas inglesas, debe tener los cabe- 
llos rubios, las mejillas de rosa, la garganta 
blanquísima y una mirada muy dulce en 
los ojos azules. Cuando una inglesa cae es 
inocentemente, porque la inocencia ha sido 
siempre mucho más inmoral que la picar- 
día. Como estas muchachas no tienen tras- 
tienda, nadie les parece malo y, como son 
muy buenas, pues acceden á todo. Una in- 
glesa suele ir mucho más lejos que una 
francesa, pero esto no quiere decir que las 
inglesas tengan más corazón. No. Van á 
donde sea porque sí y, una vez de vuelta, 
su alma continúa siendo virginal y su mi- 
rada cándida. 
Hay algo de idílico en estas mujeres: un 
no sé qué, gracias á lo cual todas las cosas 
resultan con ellas algo así como una cán- 
dida escena bucólica. La francesa es una 
mujer que sabe darle una importancia casi 
capital á una simple mirada ó á un apre- 
tón de manos. La cosa más sencilla resul- 
ta en ella excitante y terrible. En cambio, 
la inglesa lo epiloga todo con esa tranqui- 
la mirada de sus ojos “azules que le des- 
concierta á uno. 
—Esta mujer--se dice, uno—¿es muy cí- 
nica 6 muy perversa? 
—Es muy inglesa. 
Julio Camba. 
iia 
  
a 
Ls 
 
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.