Full text: 1.1911,4.Nov.=Nr. 2 (1911000102)

  
  
  
  
ser que han soltado la “batuta” en el concierto 
europeo, del buen tono, para que la recoja Ingla- 
terra. 
Necesitando los usos y modos de las clases eleva- 
das de la sociedad, traer el “visto-bueno” de una 
corte-en regla, Rusia ó Inglaterra son las que pue- 
den dar el “la” del afinamiento mundano. A los 
demás, cuando no se nos “enrieda” la manta entre 
los pies, tropezamos con la cesta en el camino!... 
Hay que advertir, con respecto á la costumbre 
del -“five-o-tea”, que aunque Inglaterra estuviera 
gobernada por cualquierao de nuestros comisarios 
de campaña, no se perdería nunca. 
Si es cierto que los individuos son los importado- 
res de los víveres, no es menos verdad que el arte 
Ó manera: de servirlos es obra de las colectividades 
Y hasta de las naciones. 
Un desocupado... X, introdujo el chocolate en 
Europa; pero la manera de hacerlo corresponde, 
por derecho divino ó cuando menos monástico, 
á los españoles, y por eso las demás naciones res- 
petan hasta el nombre y á ninguno se le ha ocu- 
rrido traducir por. otro el nombre de “chocolate”. 
Otro curioso importó el café, pero la manera 
de servirlo y hasta el establecimiento en .que se 
Sirve es obra de Francia. 
Alguien nos trajo el te: pero su usufructo toca 
de derecho á Inglaterra, á no ser que tengan dolores 
de barriga, 'que entonces es del dominio de todos 
los seres de las colectividades. 
Ignoro, á fuer de sabio, quién fué el inventor del 
“mate”, pero aún cuando en París, Madrid y Lon- 
dres. se vende “yerba”, exportada de aquí y del 
Paraguay, eso de “chupar un cimarrón”, es nues- 
tro, exclusivamente nuestro. 
Antes- de ahora se conocían el “te danzante” y 
aún el “te tranquilo”, en satisfacción de los amnti- 
Buos pequeños “saraos”. Aquel te exigía pocos 
gastos y “vestía bien”, por eso de hablar y bailar 
“EN seco, era algo “guarango”. 
Pero la nueva moda del “five-o-clock tea” es 
una pequeña colación, servida como ofrenda á la 
diosa “confianza”. Moda que encanta por su natu- 
Taleza y sencillez, y conquista pronto el terreno 
Entre gentes amenas de la “causerie”. 
La media .doceña :de "verdaderos - amigos de la 
Casa son el contingente obligado de la “visita de las 
cinco de la tarde”, que es como si dijéramos, la 
Sesión secreta” -de:las cámaras, -á la “vista 4 
buerta cerrada”. de los tribunales. 
Allí se acude-á: dar fe “de vida”, 6 mejor de ser 
Tacional, sin careta, sin gazmoñería; dispuesto el 
huésped 4 ser verdaderamente social en la intimi- 
dad de cuatro amigos. Se saborea una taza de aro- 
Mático te, para abrir camino suave á unas galle- 
titas, se ingurgita una copa de “Oporto” Óó “Je- 
rez”, se fuman unos cuantos cigarrillos habanos, 
Se Charla acerca de la probable aparición de otro 
Coup de chaleur” y de la lejana desaparición 
€l Intendente; se enumeran las familias que es- 
tán en Mar del Plata, las que veranean en el Ti- 
Be San Fernando, se comenta la “Vida Social” 
de diarios; en una palabra, se prepara el es- 
Nago para comer bien, como puede comer cual- 
dere de nuestros ediles después de haber acor- 
an 0. el pago de uno de los fantásticos entarugados 
Nuestras calles!... , 
sta sencillez del “five-o-clock tea”, que pudiera 
Oe izargo y extenderse 4 todas las clases 
e es, se va complicando en las sociedades mo- 
Te de un: modo alarmante y dentro de poco 
emos el nombre “moins pas la chose”. 
y 
tuno saquemos las cosas de su quicio. Si esta cos- 
Sus € se aclimata entre nosotros, conservemos 
E Encillez primitiva: la que presidía al “mateo”! 
Pi que hemos abandonado á este, refugiémonos 
1. tea”, como cuarto de haro de 
Sión entre prójimos. 1 
€ tiempo inmemorial -y sin ayuda de vecino, 
hemos tomado unos cuantos “amargos” ó con 
“azúcar y canela”, entre tres y cineo de la tarde, 
sin arrancarnos el pellejo, ni murmurar de nues- 
tros semejantes. 
Tomemos ahora “las cinco cristianamente, pues 
de otro modo el “dve-o-clock tea” va á ser la se- 
ñal de que, á un tiempo dado, todos los seres de 
por acá se reunan para quitarse el pellejo mutua- 
mente. 
1 LUPERCIO. 
——s 65 — 
LA 
El Ceibo 
En tus ramos entona gallardamente 
La canción de sus zumbos la lechiguana, 
Y les presta á las luces del sol poniente 
Sus reflejos de lacre, tu flor boscana. 
Tus capullos relumbran, como rubíes, 
Cuando el sol de las doce los campos tuesta, 
Y en tus frescos capullos los mainumbíes, 
Como en rojos divanes, duermen la siesta. 
¡Con tus cálices siempre de azúcar llenos, 
Con tus verdes y lindas hojas aovadas, 
Eres el estandarte de los serenos 
Estíos de mis frondas embalsamadas! 
¡Cuando un cintón florida de tu ramaje 
Forma cerco á una virgen cara trigueña, 
De mi ronca guitarra todo el cordaje 
Con ardientes coloquios de amores sueña! 
¡Testigo palpitante de las hazañas 
Y de los rudos blasones de muestra historia, 
Tu púrpura encendida tiñes y bañas 
En los flecos del astro de nuestra gloria! 
¡Del fogón de tus ramas junto al rescoldo, 
Cuando el postrer reflejo triste fluctúa, 
Llora sobre las muertas dichas del toldo 
El espíritu errante de algún charrúa! 
¡Te nombran con cariño los payadores, 
Cuando con verso tosco y asonantado, 
Relatan la leyenda de los dolores 
Y de las gallardías de lo pasado! 
¡Dicen que con lo rojo de tus capullos, 
En nuestros esquilianos choques primeros, 
Tejían la corona de sus orgulles 
Y de sus heroísmos nuestros lanceros! 
¡Y dicen que en tus flores halló la tinta, 
Con que en los rudos lances de aquellas horas 
Trazó nuestro blandengue la roja cinta 
Que cruza sus banderas libertadoras! 
¡Por eso con tus broches de azúcar llenos, 
Con tus verdes y lindas hojas aovadas, 
Eres el estandarte de los serenos 
Estíos de mis frondas embalsamadas! 
Carlos ROXLO. 
  
  
 
        
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