Full text: 1.1911,4.Nov.=Nr. 2 (1911000102)

  
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Moneda falsa 
El capitán Bálsamo, más conocido en el pa- 
go por “El Querido”, era el cacique de todo 
el partido, la quinta del mulato bravo y mal 
pegador que se conocía de memoria de hombre. 
Eran célebres sus proezas de matón con los 
gauchos, cuando “me los agarraba cortados”, 
sus bromas sangrientas y sus extravagancias 
de borracho consuetudinario. ; 
No perdonaba afrenta por leve que fuera, y 
cumplía su venganza con refinamiento de cruel- 
dad, como verdadero y concienzudo artista del 
crimen. 
Interrumpir un baile á ponchazos, acabar con 
un velorio, hacer bromas fúnebres, alzarse con 
las muchachas de los pobres paisanos, eran 
cosas que realizaba todos los días. 
* * * 
En la pulpería 'se discutía fuerte y firme. 
Un “tape” de escasa estatura, lampiño de 
rostro, vestido de chiripá y chaqueta negra, 
cubierta la cabeza por un chambergo cuyo 
barbijo suelto mordía á ratos, decía, acarician- 
do el mango cincelado de un inmenso facón: 
—Mirá, Felumeno, vos tenés miedo á “El 
Querido”, porque sos como todos los del pago, 
pior que garuga... al primer amago de- soplo 
levanta el vuelo... . 
—Y vos hablás tan suelto e cuerpo porque 
“El Querido es tu padrino. Otra cosa es con 
guitarra, hermano!... 
—Aunque fuera mi tata. Yo no Taguanto 
pulgas á náides... y cuando .nie dá la loca... soi 
pior que carancho pa dejarme caer... 
Al llegar á este punto, sintióse que varios 
caballos se detenían de golpe en la puerta de 
la pulpería. “Felumeno” asomóse y díjole con 
sorna á su contrincante: 
—Ahí está tu padrino, ché... . 
El capitán Bálsamo entró ruidosamente en 
el despacho de bebidas, seguido por varios de 
Sus acólitos. 
Al ver al ahijado, fuerte arruga surcó su 
frente, y le dijo con voz airada: 
—He sabido, “tape”, que andás haciéndote 
el gallo por estos pagos, y lo qu'es pior, andás 
mentando á cada vuelta al diablo. No sea que 
Se aparezca redepente y... ¡mucho ojo y cui- 
dao con refalarte conmigo! Ya sabés que donde 
Vuela este gavilán... todos son gallinas... 
Al observar que el interpelado hacía mal 
“Sesto: 
—No torzás la geta, mocoso... Diga: “la ben- 
dición, padrino”. 
, El mozo, cohibido y asustado, repitió con VOZ 
insegura: ; 
—La bendición, padrino... 
—Así me gustan los pollos, dijo riéndose el 
Capitán, agregando después—: Qué? ¿No se jue-1 
— 82 4 la taba hoy?... Vamos pal galpón á ber si 
me les junto la cabeza á esos chambones. 
.., Y todos obedecieron la indicación, menos el 
tape” y Filomeno. Una vez solos, este último 
le dijo al primero palmeándole el hombro: 
— Eso es pa que aprendas á alardear cuando 
10 está el cuco. 
—ÑSe le está haciendo tierra firme el tembla- 
dera. y que no se descuide. Vamos pal gal- 
Y —AN! ronca... No te comprometás, hermano... 
echóse 4 reír cínicamente el otro. 
Una vez que hubieron llegado al sitio indi- 
¡Cado, vieron que había una gran rueda de ju- 
e. Sadores, 
La jugada era interesante. 
“El Querido” estaba en desgracia y había 
perdido ya una gran suma de dinero... 
De pronto dijo: 
—Apuesto mi apero y el flete contra cien 
onzas. 
—Pago—contestaron varios de los jugadores. 
—A todas las apuestas respondon con mi 
crédito... 
¡Bueno estaba el crédito de “El Querido”! 
Con mano nerviosa, cogió la taba el capitán, 
la tanteó como experto y le hizo voltear con 
su pericia proverbial. 
Describió su parábola, pegó bien en el suelo, 
dió media vuelta y se plantó dejando á la vista 
el “lao triste”. 
¡Me caigo y me levanto!—rugió “El Que- 
rido”—y sacando una pistola la amartilló di- 
ciendo: 
—¿Quién dice que no es suerte? 
Como ninguno de los presentes chistara, el 
capitán recogió el montón de onzas, las pasó 
una á una al cinto, y después de haber termi- 
nado su obra, agregó á manera de consuelo: 
—No se aflijan, muchachos, mañana les daré 
la revancha. Y observando que la taba había 
quedado en mala figura, como muda protesta 
á su acción villana, la recogió con ira y arrojó- 
la fuera de la estancia: : 
—Al guapo que me la traiga le doy las cien 
onzas, y guiñó los ojos picarescamente. 
Filomeno murmuró al oído del “tape”: 
—Hay tenés una ocasión pa lucirte... ¡Que 
no es diga!... 
Y el “tape”: 
—Aura no más la voy á buscar. 
—¡A que no se corre esa carrera! 
—¿Qué no? 
  
* * * 
En la pulpería se festejaba la ocurrencia de 
“El Querido”. 
Varios de sus ocólitos le adulaban con toda 
franqueza, y el capitán, lleno de vanidad, ha- 
bía obsequida generosamente con una “vuelta” 
á todos los presentes. 
De pronto, algo de inaudito, algo de extra-- 
ordinario, pasó en aquel estrecho local. 
Delante del capitán Bálsamo, estaba en pie 
el “tape”, su ahijado, en actitud tranquila y 
valiente, tendiéndole la taba. 
—Ahí la tine, padrino—dijo el mozo con voz 
dulce y tranquila —me debe las cien onzas. 
Varias ocurrencias á cual más sanguinarias 
se le agolparon en el cerebro de “El Querido”; 
pero quizás impuesto ante la actitud valiente 
del mozo, optó por ser generoso y le dijo arro- 
jándole el cinto: : - 
—Me gusta el golpe... muchacho, te las has 
ganao. 
El “tape” lo abarajó en el aire, abriólo y con- 
tó pausadamente una por una las onzas; des- 
pués, con arrogancia, como gozando de su 
triunfo: 
—eECreo que faltan dos... 
—Tenés razón, faltan dos... interrumpió “El 
Querido”, y en menos de lo que canta un ga- 
llo, sonaron dos tiros y todos los presentes 
vieron el cuerpo del “tape” revolcándose en 
un lago de sangre. 
Una voz tranquila, la de “El Querido”, dijo: 
—Aura está completa la cuenta—y bajando 
el tono de la voz—no digan á náides que las 
dos onzas son falsas!... y lanzó una legre car- 
cajada. 
Otto Miguel CIONE. 
 
        
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