Full text: Año 1.1912=No. 2 (1912000200)

1 De Santis. 
i Giraffi.—De Santis.—Raph de Turris. 
MASANIELLO 
211 
destruída la casa del consejero Antonio de 
Angelis, á quien llamaba el vulgo: “Conse 
jero del mal consejo”, y nada perdonaron 
las llamas; ni más de diez mil pesos en me 
tálico, que en los mismos sacos en que es- 
tíban, arrojaron en ellas sin despertar la 
codicia de los incendiarios. 
Sobrevino la noche, y no puso término á 
tí obra de destrucción, pues se dirigieron las 
turbas á la casa del consejero Miraballo si 
tuada en el arrabal de las Vírgenes y la des 
truyeron y abrasaron. Luego, acometiendo 
el palacio de Andrés Naclerio, el electo, en 
tregaron al fuego sin piedad cuanto en él 
había; arrasaron furiosas un precioso jardín 
de plantas y flores exóticas traídas con gran 
costo y cultivadas con cuidadoso esmero, y 
destruyeron en él primorosas fuentes y cu 
riosos juegos de agua. 1 
Grandes riquezas, incalculables capitales 
fueron destruidos en un momento aquel día 
nefasto sin considerar cuánto podía impor 
tar su conservación para acudir á las nece 
sidades públicas y á las mismas urgencias 
de la sublevación; pero siempre las turbas 
populares, que jamás calculan ni piensan en 
el porvenir, creen ciegas que destruyendo 
1° que pertenece á sus tiranos, se libertan 
de la tiranía, y desconocen, en su odio á los' 
ricos, que la suma de las riquezas particu 
lares forman la riqueza pública. 
El humo y las llamas de los voraces in 
cendios que atizados por una muchedumbre 
frenética, devoraban en cortos instantes in 
mensos recursos, avisaban á las infelices fa 
milias que refugiados en Castelnovo tenían 
desde sus almenas fijos los ojos en la parte 
de la ciudad donde estaban sus casas, que 
eran ya víctimas del furor popular, y que 
caían de la cumbre de la opulencia en el 
abismo de la pobreza y abatimiento. ¡Lec 
ción terrible para los que se enriquecen á 
costa de la miseria pública, haciendo impru 
dentemente alarde de sus tesoros sin temer 
Vie puede llegar un día en que la víctima 
se convierta en verdugo. 
Lo ciertamente notable en aquella ocasión 
faé que, en medio de tanta confusión y des 
miden, entre aquellas turbas sin ley ni rey, 
entre tantos miserables desarrapados que 
carecían de todo medio de vivir, y tantos 
malhechores forajidos, aun cuando rodaban 
por el suelo las monedas de oro y piezas de 
plata, sólo tres miserables osaron sustraer 
algo, y esto harto mezquino y despreciable 
para encontrar en el acto un pronto y ejem 
plar castigo. Pues mirándolos con horror 
cuantos á la destrucción cooperaban fueron 
llevados ante el inflexible Masanielo, quien 
inmediatamente condenó al uno, que había 
guardado un freno de caballo, á 50 palos, y 
á los otros dos, que habían tomado una taza 
de plata y un cuadrito con el marco del mis 
mo metal, á la horca: cumpliéndose la sen 
tencia en el acto por mano del verdugo. 
Y también es digno de notar y lo es de 
consignarse á la historia como prueba del 
espíritu que reinaba en el pueblo napolitano, 
que en medio del saqueo general, y de aquel 
completo desorden, se salvaban con el mayor 
respeto los retratos del rey que se hallaban 
en las casas proscritas, colocándolos inme 
diatamente en las esquinas cercanas, con 
fervientes aclamaciones, bajo un dosel im 
provisado con las más ricas telas, que para 
este sólo objeto retiraban de las llamas. 1 
Ejemplo grande de amor incomprensible 
que conservaban los amotinados al soberano, 
cuyos ministros escarnecían y cuyos súbdi 
tos asesinaban, y muestra clara de que no 
pensaron los napolitanos en separarse de 
España hasta que dieron oídos á instigado 
res extranjeros que ya acudían á la ciudad 
para sacar partido de las circunstancias. 
CAPITULO IX. 
La pretensión del pueblo de que se le 
entregara el privilegio de Carlos V, puso en 
grande embarazo al duque de Arcos, no por 
que se negase á hacerlo sino porque era 
imposible, ignorándose completamente si 
existía; pues aunque se practicaron las más 
exquisitas diligencias para dar con él, fué 
imposible encontrarlo, ni sospechar siquiera 
su paradero. El MS. de Agnello della Porta 
dice que «no se hallaba, ó por mejor de 
cir, no se quería dar con él, por estar inte-
	        
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