Full text: Año 1.1912=No. 4 (1912000400)

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COSMOS 
noten los hermanos, á una parvada de 
gorriones, que revolotean por el patio. 
Entre esos gorriones hay uno pequeño 
y pardo que gana á todos los otros en 
agilidad y astucia. Si viene un pedacito 
de pan se querella con sus compañeros, 
abre ambas alas retirando el pedacito del 
terreno de la lucha y se apodera de él 
mientras disputan aún sus compañeros. 
Esa maniobra se repite cuatro ó cinco 
veces, quedando aquel gorrión siempre 
vencedor, hasta que un compañero nota 
la treta y se muestra aún más listo. Ger 
trudis siente gran deseo de soltar la risa, 
la quiere dominar por fuerza y se mete 
el pañuelo en la boca, conteniendo el 
aliento, hasta que se le pone la cara mora 
da. Perdida toda la esperanza de poder 
se dominar, se levanta de su asiento y 
corre, pero estalla antes de llegar á la 
puerta en una risa, y gritando de puro 
placer, desaparece en la obscuridad del 
corredor. 
Los dos hermanos salen de su silen 
cio. 
¿Qué hay?—pregunta Juanito asusta 
do. 
Martín sigue con la vista meneando 
la cabeza á su mujer joven y loca, cuyas 
malas costumbres conoce perfectamen 
te; toma, después de un rato la mano de 
su hermano, y le dice señalando la puer 
ta: 
—Di si tiene «esa» facha de quererte 
suplantar en mi cariño. 
Con una risa forzada contesta Juanito: 
— ¡De veras que no! 
—¡Oh muchacho!—murmura Martín, 
pasando la mano por su cabellera pobla 
da.—¿He tenido muchas penas! Cuando 
me venías á la mente he pasado muchas 
noches sin probar el sueño! Acaso hacía 
contigo una injusticia.—Guardó silencio 
y continuó después de un breve rato:— 
Y sin embargo mirándola tan inocente 
como agradable, ¿no había de quererla? 
Cuando la vi por primera vez me enamo 
ré desde luego de ella, me recordaba en 
muchas cosas tu infantil alegría y tu tra 
vesura. Era una niña y conserva aún su 
carácter irreflexivo y juguetón. Es nece 
sario sujetarla un poco. Pero me agrada 
así. Su cara tiene la expresión del cari 
ño. Pensándolo bien, no quisiera perder 
ninguna de sus tonterías. La suerte ha 
hecho que deba yo desempeñar el papel 
de un padre; antes contigo y ahora con 
ella. 
Habiendo desahogado así á su cora 
zón, se abisma en un silencio profundo. 
—¿Yeres dichoso?—pregunta Juanito. 
Martín desaparece entregrandes nubes 
de humo, y murmura después de un rato: 
—¡Hum! Eso según y conforme. 
—¡En qué sentido! 
—En el de que no te enfades con ella. 
—¿Yo enfadarme con ella? 
—No te defiendas. 
Juanito no contestó. Pensó que con 
vencería muy pronto á su hermano de lo 
contrario, y cerrando los ojos escondió 
de nuevo la cabeza entre las hojas. 
Se ve el resplandor de una luz, Ger 
trudis está enfrente de ellos con una lám 
para en el dintel de la puerta, y se mues 
tra avergonzada. Su cara juvenil y agra 
dable está cubierta de sonrojo y las cejas 
inclinadas dan unas sombras largas y 
semicirculares á las mejillas redondas. 
—¡Ser alocado!—dice Martín, hacién 
dole un cariño á la cabellera enredada 
de Gertrudis. 
—¿No te quieres acostar?—pregunta 
ella á Juanito con gran serenidad, pero 
en su voz se descubre aún una sonrisa 
reprimida. 
—¡Buenas noches! hermano. 
—Espera voy contigo. 
Juanito tomó la mano de la hermana 
política, inclinando, riéndose, la cara á 
un lado. 
f ContinuaráJ
	        
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