Full text: Año 1.1913=No. 12 (1913001200)

1460 
COSMOS 
Cl.—Bajo á Rafael, tristemente.—¿No 
ves? 
Raf.—Bajo á Clara.—No son más que 
reflejos. Su mejoría tiene que ser paula 
tina, convéncete.— Una pausa. Entra 
Francisco con una lámpara encendida que co 
loca sobre la mesa de escribir y vase en segui 
da. El cuarto se ha inundado de una sua 
ve luz. 
—¡Ah! Se me olvidaba. Ha venido el co 
rreo; 110 fué muy voluminoso, pero hay 
una carta para tí, Matilde. Aquí está. Y 
ahora, si no prosigo mi trabajo no lo aca 
baré nunca. Perdóname un momento, 
Clara mía. 
Mat.—Pensativa, examinando la carta. 
¡Una carta para mil Es extraño; bien 
poca gente me escribe. No conozco la 
letra. 
Cl. Será de alguna de tus antiguas 
amigas, de Eugenia quizás, la pobre 
Eugenia que nunca te olvida. 
Mat.—Abre el sobre y exclama con es 
panto.—¡Ah, Dios mío! 
Cl.—¿Qué pasa? Has dejado caer al 
go: una flor, un pétalo de amapola. 
Se inclina al suelo y recoge un pétalo de 
amapola roja que traía la carta. 
Mat. — Turbada.—Dámelo. 
Cl.—Dándoselo.—¿No te lo dije? Eu 
genia siempre te envía esas flores. Qué 
bien conservada está y qué vivo es su 
color. ¿Qué tienes? 
Mat.—Muy pálida.—Nada; me sentí 
un poco mal; ya pasó. 
Cl.—Erais las dos muy afectas á esas 
flores, según parece. En todas tus cosas 
las encuentro, tus libros de oraciones 
están llenos de ellas, 3' los poemas que 
te lee Alejandro los señalas con amapo 
las. 
Mat.—Presa de súbita emoción.—Mi 
vida toda está llena de esas flores. 
Cl.—¿Por qué dice- eso? ¿Acaso esas 
flores te traen recuerdos? 
Mat.—Sí; me recuerdan muchas co 
sas. 
Cl.—Como á mí las violetas. Pero, 
¿qué tienes, querida mía, te sientes mal ? 
Mat.—No, no es nada. Tengo frío. 
Cl.—Acércate al fuego. 
Acércanse á la chimenea. Matilde se 
sienta en una butaca y Clara á sus pies en 
un escabel bajo. Matilde, como distraída, 
deja caer la carta al fuego. 
Cl.—¿Por qué quemas la carta? 
Mat.-—Nerviosa.—No vale la pena 
conservarla. Sabes que acostumbro des 
truir todas las cartas que recibo. Ade 
más, no contiene nada de particular; no 
necesito volver á leerla para contes 
tarla. Una pausa. Matilde desea cambiar 
la conversación', está muy nerviosa. Aca 
ricia el cabello de su hermana.—¡Qué bien 
peinada estas! ¡Qué cabello tan suave es 
el tuyo! Parece seda. Eres muy linda, 
Clara. ¡Clara querida, hermana de mi 
alma! Con razón te quiere tanto Rafael. 
Cl. —Besándola.—¡ Matilde! 
Mat.—Con ternura —¿Eres muy feliz? 
Cl.—Si no fuera por.... 
Mat.—Interrumpiendo ¿Por mi en 
fermedad? Pero, ¿qué quieres? La manda 
Dios. 
Cl,—Vas mejorando; pronto estarás 
completamente restablecida. 
_ Mat.—Sí; espero que pronto me ali 
viaré. 
Cl.—Entonces te casarás con Alejan 
dro, ¿no es verdad? ¡Te ama tanto! Así 
nuestra unión será más fuerte que nun 
ca, dos hermanos esposos de dos herma 
nas. Porque siempr- quiero vivir con 
tigo. 
Mat. Sí, Clara. No me abandones; 
está siempre conmigo. Piensa que nunca 
nos hemos separado desde nuestra ni 
ñez. 
Cl. Si vieras como me acuerdo de 
nuestra niñez; aquellos años que pasa 
mos tan felices en el camuo, ¡Qué lejos 
están ya! ¡Cómo han cambiado las co 
sas! .... Tú eras de un carácter alegre, 
casi coqueta. ¿Te acuerdas déla pared 
cubierta de madreselvas? 
Mat. Con espanto.—¡Calla, Clara, 
por Dios! 
Cl. Riendo, i Ah! no quieres acor 
darte de tu primer amor. 
Mat.—¡Calla! 
Cl. Cambiaste repentinamente. 
Mat. Cuando lo de nuestro hermano. 
Cl.—No. 
Mat. Sí; cuando lo encontraron fue" 
ra del jardín con una' herida muy honda 
en el pecho; cuando lo llevaron á la casa 
y después de mucho sufrimiento murió 
en brazos de mamá. ¡Pobre mamá! 
Cl.—No llames á los muertos. 
Mat.—Sollozando.—Sí, debe uno lla 
marlos cuando fueron ser* s queridos. 
¡Mamá, madre mía! ¡Hermano del alma!
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.