Full text: Año 1.1913=No. 12 (1913001200)

COSMOS 
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metidos en el Cielo, escribía San Gregorio 
Magno, parecerá despreciable á nuestra al 
ma todo lo que contiene la tierra,»^ 1 y San 
Agustín afirmaba que en la mansión celes 
tial no existían la fatiga, ni la tristeza, ni el 
temor, ni el dolor, ni la muerte, sino que se 
vivía eternamente feliz; 2 por lo cual San 
Gilberto de Holanda llamaba al Cielo «el pa 
raíso de la voluptuosidad». 3 
El excomulgado, además de perder tama 
ño bien, tenía que sufrir las terribles pena 
lidades del Infierno, que era, según San 
Juan Damasceno, «la hostelería de todos los 
suplicios y el taller de todos los dolores»; 4 
suplicios y dolores que superaban infini 
tamente á los de acá, porque entre aqué 
llos no faltaba ninguna miseria que se pu 
diera imaginar 3 y todas las cosas se con 
vertían en motivo de pena y de castigo, 6 y 
los padecimientos duraban eternamente, y 
torturaban sin destruir, y el mismo fuego 
quemaba sin consumir, 7 y la más com 
pleta obscuridad reinaba siempre por do 
quiera, á pesar de las incontables^ llamas 
que laceraban, 8 y á los tormentos físicos se 
unía una tristeza letal que agobiaba al espí 
ritu; o de tal suerte que todos los martirios 
sufridos durante una vida entera en este 
mundo, no igualaban á los de una sola hora 
en el Infierno; 10 para colmo de males, des 
pués de millones y millones de años de pa 
decer así, los condenados no podían alentar 
ninguna esperanza de alivio, de descanso ni 
de muerte: 11 esta misma, aunque aquí huj 
biera sido causa de horror, se convertía allá 
en el único objeto de los deseos 12 . 
Ahora bien, el Obispo Abad Queipo expu 
so en decreto de 18 de enero de 1814, que 
Matamoros era no sólo reo de apostasia, de 
lesa majestad y de alta traición, sino que, 
por haber llegado á convertirse en el prin 
cipal apoyo de los insurgentes, se hallaba 
inodado en las censuras eclesiásticas que 
los señores Diocesanos y el Santo Oficio de 
la Nueva España habían fulminado contra 
la insurrección; por lo cual Su Señoría Ilus- 
1 Hom. 37. 
2 Pros. 
3 Serra. 27 sup. Cant. 
4 Parall., Lib. II. cap. 52. 
5 San Agustín Serm. 26 ad frater. ineremo. 
6 San Jerónimo Sup. Joel. cap 2, sup illud, 
Magnus enira dies Domini. 
7 San Bernardo. Sermón. I Annunt. B. M. V. 
8 San Agustín. De Spirit. et Anima. Cap. 
25- 
9 San Isidoro de Sevilla. De Summo Bono. 
Lib. I, cap. 28, sent. I. 
10 En Vitae SS. Patruum. Lib III, núm, 3. 
11 San Agustín. Pros. 
12 San Bernardino de Siena Suf. Afocal., 
cap. 14. 
trísima declaraba que Matamoros quedad 
privado de los privilegios del fuero y 
canon, y entregado lisa y llanamente á 1 
potestad militar, y que no podía ser absuy 
to de dichas censuras si antes no satisfaz 
á la Iglesia por medio de una desaprobad 01 ; 
pública de su conducta; no abjuraba de 1°; 
errores de impiedad ó heregía en que hay', 
incurrido al parecer sosteniendo en sus 
critos y con su espada que la insurrecd 0 
era justa y legítima, cuando notoriamei''; 
estaba reprobada por el derecho divino, P e¡ 
el derecho de gentes y por el derecho P* 
blico de todas las sociedades humanas, y r ' 
remediaba los daños causados á la Nud; 
España, absolviendo con buena fe cuan'® 
preguntas le hiciere el Tribunal Militar 
lo juzgaba y pudieran conducir á la pa cl . 
cación general y detener el fuego de la > [ ; 
surrección que todo lo devoraba y coníj 
mía. Su Señoría Ilustrísima ofrecía, por 11 
timo, á Matamoros, tres días de quietud^ 
de aislamiento para que, auxiliado por s 
confesor y el Sr. Provisor y Vicario G e Ü, 
ral meditara y comprendiera la obliga®® 
que tenía de hacer estas reparaciones '• J 
Por ser Matamoros un eclesiástico ilustr® 
do, no necesitaba de tanto tiempo ni de j' 
les asesores para entender que si no oDj 
nía la absolución de su prelado, se con® 
naba irremisiblemente. Y no correspÇ 11 ¡ 
á Matamoros juzgar de si era ó no lícita 
excomunión que pesaba sobre él, port 
claramente había dicho San Gregorio Maí?; 
que la excomunión, justa ó injusta, de 
ser temida siempre 2 . . 
Sentenciado ya á muerte Matamoros P 
la autoridad militar, tenía que preocupa®. 
de apartar su alma de todo interés mund®‘ 
para ganar la salvación eterna, porquei ¿ 
mo advertía San Pedro Crisóstomo, $ 
podía quedar ligado simultáneamente 
tierra y al Cielo; 3 en otros términos, n°í 
día gustar de Dios, quien estaba sujeto V 
el amor de las cosas terrenas 4 ; de a®® 
do con esto, San Ambrosio manifestabaJ, 
no merecía la masión celestial quien, p 08 !. 
por el amor á esta vida, no se resolvía a 0 
prenderse de él, = y San Eusebio EnP’jf 
decía que mientras más se desligara uflP¡ 
amor mundano, tanto más se aproxima 1 " 
CielÓ 6 • J 
Sumiso, pues, á esas doctrinas, Mata 
' ' ' aa"- 
ros reprimió su patriotismo, que 
1 Véase el núm. 
2 Hom. 26, sup. 
3 Serm. 164. 
4 San Gregorio 
nit., sup. Psal. 2, v 
5 Sup. Luc., lib 
6 Ep. 3, Epiph 
2 del Apéndice. 
Evang. 
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el: 
Magno. In Sept. 
74- 
5, cap. 6. 
Psal 
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