Full text: Año 2.1913=No. 15 (1913001500)

3§o 
COSMOS 
desaparecido. Rouletabille quiso averi 
guar inmediatamente á dónde se baila 
ban ahora. Avanzó rápidamente hasta 
la reja y vió desaparecer por un extremo 
del camino la calesa que llevaba el ma 
riscal. En cuanto á los dos oficiales, Er- 
molai le hacía comprender por medio de 
gestos que habían salido juntos hacía 
muy pocos instantes, después de la par 
tida del mariscal. Rouletabille se pre 
paró á seguirlos, buscó las huellas de 
sus pasos en la tierra floja del camino y 
bien pronto llegó hasta donde lo tapiza 
ba la hierba; ya en este lugar la pista 
era muy fácil de seguir debido á los he- 
,1 , : U 
mirada hostil. Bajo el capote de su uní' 
forme con el que estaba envuelto y del cid 
no se había metido las mangas y tan sS> 
lo había replegado hacia su pecho, Bot¡ ¡ 
tenía los brazos cruzados. Toda su acti 
tud dejaba sospechar su altivez, su or 
gullo exasperado. Natacha le hablab» 
con palabras precipitadas, casi todas e» 
voz baja; de vez en cuando se dejaba oír 
una palabra en ruso fuera de tono; per» 
ella inmediatamente se esforzaba porte- 
cobrar su habla en voz muy baja. Por fin 
ella guardó silencio, yBoris tras un cor 
to silencio, empleado seguramente et 
reflexionar, pronunció distintamente es- 
ac 
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HifI 
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é inmediatamente se echó al suelo detrás de un árbol. 
lechos pisoteados. El caminaba encor 
vado hacia el suelo, sobre aquellas tra 
zas sensibles que acostumbraba menos 
preciar tanto ya que conducían á toda 
clase de errores judiciales y de otra na 
turaleza, y que en esta vez, sin embar 
go, le guiaban hasta aquello que él bus 
caba. El ruido de una voz le hizo levan 
tar la cabeza é inmediatamente se echó 
al suelo detrás de un árbol. Como á 
unos veinte pasos de distancia de aquel 
lugar, Natacha y Boris parecían tener 
una conversación de las más animadas. 
El oficial estaba de pie muy erguido de 
lante de ella, con el ceño fruncido y la 
tas palabras francesas de las cuales, re- 
calcaba, como para darles mayor fuerza 
todas las sílabas: 
-—Es que me pedís una cosa terrible!- - 
—Precisa que me la concedáis,—dij° 
la joven con singular energía,-—me com 
prendéis, Boris Alexandrovith! Abso 
lutamente! 
Y su mirada tras de volverse para ase 
gurarse de todas las cosas que les ro 
deaban y de no haber descubierto nad^ 
de sospechoso, recayó rápidamente, mu/ 
tierna, sobre el oficial, en tanto qU e 
murmuraba su boca: «Mi Boris!... 
Aconteció inmediatamente que él no su-
	        
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