Full text: Año 2.1913=No. 15 (1913001500)

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COSMOS 
de México, debo ante todo precisar el 
concepto que los glotólogos europeos tie 
nen del monosilabismo. La primera for 
ma lingüística, la que se considera como 
elemental, es aquella en que las palabras 
son simples raíces. «Estas raíces-pala* 
brás, dice Hovelacque, ó estas palabras- 
raíces no despiertan sino una idea esen 
cialmente general». Pero lo principal en 
este sistema, en este primer estado del 
lenguaje humano, es que las palabras 
raíces ó las raíces palabras constan de 
una sola sílaba, con significación inde 
pendiente. «La lengua, en esta primera 
etapa, dice el autor citado, no está forma 
da más que de elementos cuyo sentido 
es eminentemente general: nada de sufi 
jos, nada de prefijos; ninguna modifica 
ción, cualquiera que sea, que pueda in 
dicar una relación cualquiera.» Tal es 
el concepto que se ha tenido del sistema 
monosilábico, que está lejos de encontrar 
una lengua que llene sus exigencias, esto 
es, en la que la frase se forme de raíces 
sucesivas invariabl-s y de significación 
independiente, pues desde el momento en 
que, como el chino y otras lenguas, con 
tengan raíces muertas, destituidas de 
significación independiente, afectando de 
alguna manera la significación de la 
raíz monosilábica, habrá desaparecido 
esencialmente el monosilabismo en el 
concepto de que se le ha tenido, para en 
trar al seudomonosilabismo. Sería un 
atrevimiento de mi parte lanzar esta tesis 
ante el respetable Congreso de america 
nistas y sólo me permito hacer la enun 
ciación de los hechos tales cuales se nos 
presentan en el vasto campo de la gloto 
logía moderna. 
Adam, exclamaba en el Congreso de 
Bruselas de 1879: «¡Ah, sé bien que se 
harán esfuerzos pata hacer entrar estas 
familias unas en las otras. Por una par 
te los partidarios de la teoría deDarwin,' 
la aplicarán á las lenguas; por otra, cier 
tas personas creerán deber mezclar la re 
ligión en esta cuestión. La Biblia nos 
enseña que todas las lenguas han sido 
confundidas; luego, ¿por qué pretender 
hoy que no hay más que una ? La Biblia 
dice: «las lenguas humanas han sido con 
fundidas por un aconticimiento milagro 
so, por una intervención providencial. 
La ciencia responde: las lenguas forman 
familias que son irreductibles entre sí.» 
Qué extraño era, pues, que siguiendo esa < 
tendencia religiosa se pretendiera buscar c 
el origen de nuestras lenguas indígenas, 1 
ya en el hebreo, ya en el chino, ó ya en 1 ( 
algunas otras del Antiguo Mundo. ’ Pa" 1 
rece natural que personas de la talla del ; , 
padre fray Crisóstomo Náxera, hubiesen ; , 
pretendido hermanar la ciencia de las len 
guas con lseBiblia, «No me resta por 
ahora, dice, al concluir el prólogo de su 
disertación, impresa en México en 1845. 
sino el desear á mis lectores, que al con 
cluir esta lectura, no sólo reconozcan con 
Balbi, «no haber descubrimiento alguno 
filológico, que esté en contradicción con 
Moisés», sino antes bien reflexionen en 
«que la filología en cada nuevo descubri 
miento forma un verídico comentario de 
Moisés». 
Al exponer Náxera en el prólogo de su 
obra, con la elegancia propia de un lite 
rato, las razones que tuvo para formarla, 
dice: «En el otomí, se me presentaban 
todas las condiciones que podía yo ape 
tecer; se le cree la más bárbara, y el ca 
rácter de ella es muy filosófico; se le juz 
ga única en su género, y tiene grandes 
relaciones con el chino; es de las más an 
tiguas en América, y es monosilábica»- 
Tal era la convicción de fray Manuel 
Crisóstomo Náxera de que el otomí era 
una lengua monosilábica, y á demostrar 
esta tesis tiende su notable obra: Diser- \ 
tación sobre la lengua otomí, En su pri 
mera parte nos da, con la elegancia de 
lenguaje que le es peculiar, el nombre 
que los indios daban á esta lengua oto- 
mi, esto es, el de Hia-hiu, explicándo 
nos su etimología, y haciéndola indepen 
diente de las demás lenguas del territo 
rio mexicano. 
Cuando lee uno con detenimiento esta 
preciosa obra de Náxera, encanta verda 
deramente ver convertidos sus deseos en 
una convicción profunda, que revela su 
educación, mitad religiosa, mitad cientí 
fica, debatiéndose inútilmente para des 
florar los principios de la lingüística. 
Él mismo cómo se recrea al ver la gran 
aceptación que tuvieron sus ideas por 
sabios, como Duponceau, que afirman 
entonces, sin reserva alguna, el monosi 
labismo del otomí; Náxera, encariñado 
con sus teorías, no sólo atribuye al oto 
mí los tonos en la pronunciación de sus 
voces, sino lo que es aún más curioso,
	        
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