Full text: Año 2.1914=No. 23 (1914002300)

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COSMOS 
visitantes de un cuadro cubierto por com 
pleto con un velo. 
—Qué es eso? 
—¡Oh! poca cosa, señor.... Un antiguo 
retrato. Yo creo que vuestra majestad lo 
conoce. 
—¡Qué importa! Veámoslo. Vuestros cua 
dros, maestro, son tan maravillosos, que 
cuanto más se les ve la admiración au 
menta. 
Un poeta del acompañamiento del rey, 
Mellín de Saint Gelais, como buen cortesa 
no, se dirigió 
hacia el cua 
dro, y rápida 
mente levantó 
el velo que lo 
cubría Un 
rostro de mu 
jer apareció se 
mejante a una 
revelación di 
vina. 
Leonardo 
inclinó la cabe 
za con gran 
desaliento. El 
rey sentóse en 
un sillón ycon- 
templó aquella 
magistral figu 
ra largo tiem 
po. 
El silencio 
fué solemne; 
nadie se atre 
vió a despegar 
los labios. Una 
especie de he 
chizo había im 
puesto silencio 
a esta reunión 
de jóvenes ale 
gres y bullicio 
sos. 
—Maestro, 
—exclamó por 
fin el rey, con 
singular acen 
to de grave 
dad,—-sin dis 
puta, esta es la 
mujer más ad 
mirable que he visto en mi vida...—¿Quién 
es ella? 
—Monna Lisa... Es napolitana, de una 
nobilísima familia. Su padre se llamaba An 
tonio Geraldini... Casó con Francisco del 
Giocondo, noble florentino, viejo ya... de 
bastante más edad que ella... En su país la 
aman la Gioconda. 
—¿Cuándo la habéis pintado? 
—¡Hace diez años! 
—¿Y se conserva aún tan bella? 
—La Gioconda ha muerto, señor. 
—¡Por Dios! señores—exclamaba el rey 
caballero, volviéndose a su acompañamien 
to de poetas y cortesanos—yo deseo que 
ella viva y quiero que la Gioconda, resuci 
tada gracias al genio del maestro Leonar 
do, sea el principal adorno de nuestro sa 
lón de fiestas. Sin damas una reunión de 
artistas es como una primavera sin flores. 
No es suficiente ver allí príncipes, grandes 
capitanes, gen 
tiles hombres 
e individuos 
del consejo y 
oirles hablar 
de guerra, del 
Estado, de la 
caza... Todas 
estas conver- 
sacionesllegan 
a cansar al po 
co tiempo. Su 
cede todo lo 
contrario 
cuando son las 
damas las en 
cargadas de 
amenizar la 
fiesta. 
Y p r o s i - 
guiendo su 
proposición 
con la elocuen 
cia y el encanto 
natural que 
tanto le distin 
guía, dijo con 
viveza: 
— Maestro 
Leonardo, 
cuando se va 
a la guerra o 
se emprende 
un viaje peli 
groso, lo más 
ambicionado 
por un hidalgo 
es llevar un re 
cuerdo de su 
dama. Las her 
mosas hacen a 
los nobles de mi corte tan fuertes como 
sus espadas. 
Yo quiero que todas las damas francesas 
puedan parecersea esta Gioconda, que es ma 
ravillosamente espiritual. Saggia e córtese, 
nellasuagrandezza... Maestro, os daré cuan 
to queráis, pero deseo adquirirle Gioconda- 
—Señor, mis propósitos son no separar 
me de ese retrato... 
m 
■ 
H 
La célebre «Gioconda».
	        
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