Full text: Año 2.1914=No. 24 (1914002400)

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COSMOS 
te de un ferrocarril: mudo, de pie, firme 
como una roca, tostado como el trotico de 
un árbol seco, que no busca ni las aves 
del cielo. Ahí no le estimula ni la mira 
da de su jefe, ni de la multitud, pues no 
tiene más testigos que su mauser, ni más 
estímulo que su deber. Ahí no le impul 
sa la gloria del que combate por adqui 
rir un galón más, no, allí morirá, y tal 
vez ignorado, y tal vez, con profundo 
dolor de su alma de fiero, sin hacer si 
quiera un tiro. Ahí no le alienta, ni si 
quiera como última esperanza, tener por 
sudario su bandera y guardar en sus 
oídos el eco de las últimas notas del 
himno.... No, allí no habrá quien le 
ofrezca un pedazo de manta burda para 
restañar su sangre; y sus oídos, quizá 
guardarán el graznido de las aves, que 
le devorarán luego.. .. 
¡Qué impresión tan extraña me han 
causado esos centinelas colocados de tre 
cho en trecho a lo largo de la vía! Han 
bullido en mi alma: la admiración, el to 
que de una clarinada de lucha, la com 
pasión, el efecto deun perpetuo olvido..- 
la heroicidad en su manifestación muda, 
pero inmensa, de pasividad infinita. 
Glorificación especial a nuestros hé 
roes desconocidos, a nuestros rústicos 
militares, que saben luchar, y saben mo 
rir, y saben sufrir, con la estoicidad del 
peñón solitario de la playa conocido úni 
camente por las gaviotas y las golondri 
nas viajeras.... 
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EL RIFLE, ARBITRO SUPREMO 
Duró más de un año en estado de guerra 
la región minera de la Virginia occidental, 
Estados Unidos, y en el momento en que 
escribimos puede decirse que no han cesa 
do por completo las hostilidades. 
Al mismo tiempo que los obreros y patro 
nos de las minas virginianas decidían a ba 
lazos sus diferencias con ayuda de^ las mili 
cias del estado, surgió una situación análo 
ga en el Colorado. En 35 días ha habido allí 
18 encuentros de armas, 28 muertos y 41 
heridos; 11 edificios y varios puentes han 
sido destruidos y los combatientes de una y 
otra parte han contado con rifles de preci 
sión, cañones de montaña y oficiales exper 
tos en el arte de la guerra, pues muchos de 
ellos son griegos que acaban de llegar de los 
Balkanes. 
Si estos acontecimientos hubieran tenido 
por teatro alguna República más o menos 
caribe, los periódicos de Hearst ya estarían 
pidiendo la intervención civilizadora de las 
bayonetas norteamericanas, y por allá no 
faltarían patriotas indo-españoles o afro-la 
tinos que se apresuraran a proclamarla ne 
cesidad de que una nación fuerte y platuda 
meta en cintura con un protectorado sobre 
medidas a esos pobres pueblos que después 
de todo no disponen de más recurso que el 
suicidio de la guerra civil para informar a 
sus amos y expoliadores de que prefieren 
la muerte a la servidumbre que les impO' 
nen. 
Pero volviendo a las guerritas yanquis, es 
evidente que muy malos tienen que ser los 
patronos, que con tanta frecuencia obliga 11 
a sus obreros a confiar sus reinvindicacio" 
nes a la suerte voltaria de las armas. Pof' 
que lo del Colorado y la Virginia no son ca 
sos aislados; estas luchas figuran en la cró 
nica diaria de los Estados Unidos, en Pen- 
silvania y en New Jersey, en Montana e 
Idaho, en donde quiera que hay minas qu e 
explotar, amos insaciables y obreros. q u ® 
desean vivir como hombres. 
Pero si los amos son crueles y los obro' 
ros belicosos, ¿qué podrá decirse de la en' 
cacia de un Gobierno que consiente en qu e 
el estado de guerra perdure por meses e»' 
teros y las partes beligerantes vengan a 
manos con todos los atelajosy herramientas 
hoy en boga en las reyertas internacionales’
	        
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