Full text: Año 2.1914=No. 24 (1914002400)

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Co^à^ de là Vida 
Por JOSE DE ILOUR.E 
ESCENA PRIMERA. 
Luisa y Fernanda flas dos de poco más 
de veinte años). En casa de Luisa. 
Luisa. — ¡Cuánto te agradezco, queri 
da Fernanda, que hayas venido! 
Fernanda.—Sí; a pesar de mis triste- 
z as era imposible que dejara de felicitar- 
t e - No en vano hemos jugado, nos he- 
'jaos educado y hemos.... soñado juntas. 
?Le acuerdas en el Sagrado Corazón? 
'Qué tiempos aquellos, para mí tan feli- 
Ce s! Después.... después.... 
Luisa.—¡Fué terrible! 
Fernanda.—Terrible es poco. Desgra 
na como la mía no habrá otraen el mun 
do. 
Luisa.—Por eso te agradezco con to 
da el alma la visita. ¡Lo que debes sufrir 
® n estos momentos, mi pobre Fernanda! 
Ocurrió pocos días antes, ¿verdadi muy 
P°cos.... 
Fernanda.—Doce faltaban para nues- 
tr a boda. ¡Si hubieses visto qué alegres 
Estábamos, qué dicha la nuestra! Como 
a tuya y la de Ricardo hoy. 
Luisa.—{Gozosa). ¡Inmensa! 
Fernanda.—{Triste). ¡Inmensa! 
Luisa.—Perdona.... 
Fernanda.—No, no, Luisa; nada ten- 
*\° que perdonarte. Háblame de tu feli- 
ndad como si viviera aún mi pobre An- 
° n io. Cuando se sufren estas penas atro 
as» se halla placer en atormentarse. Do- 
días faltaban para que nuestra felici- 
a d se colmara, y Dios me lo mató en 
pocas horas y de una enfermedad cuyo 
mismo nombre hiela la sangre: miserere. 
Luisa.—¡Es horrible, es horrible! 
Fernanda.—Lo habré merecido. 
Luisa.—¿Merecerlo tú, pobrecita mía? 
Fernanda.—¡Quién sabe, Luisa! ¡Dios 
es tan grande, su justicia tan poderosa...! 
En fin, me han dicho que tienes expues 
to el trousseau. 
Luisa.—Sí; en esas habitaciones.... 
Pero ¿quieres verlo? 
Fernanda.—Quiero verlo. No te asus 
tes; soy fuerte. 
Luisa.—Entonces.. .. vamos. {Pasan 
a un gran salón, en el cual está expuesto 
el «trousseau» de Luisa). 
Fernanda,—Preciosos encajes. 
LursA.—Sobre todo, antiguos. Me los 
regala la tía Leonor; tú no la conoces, 
vive en provincias. 
Fernanda.—¡Muy bonita pulsera! 
Luisa.—Mi hermano Pepe, el pobre, 
con sus ahorros . . Este collar de chien 
es de mis padres. 
Fernanda.—¡Espléndido! Digno de 
tu garganta. 
Luisa.--¡Siempre tan buena! Camisas, 
enaguas, ropa blanca de todas clases, 
muy bien bordada, ¿no?; pero lo que has 
visto mil veces. Te enseñaré los trajes 
que me regala Ricardo. 
Fernanda.—Sí, sí, vamos a ver los 
trajes. 
Luisa— Este de paseo. ¿Qué te parece? 
Fernanda.—Una preciosidad. Ele 
gantísimo. 
Luisa.—Sí, no hará mal con aquel
	        
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