Full text: Año 3.1914=No. 26 (1914002600)

LITERATURA Y ARTE 
191 
seguro de buscar cuarto para mudarte, se 
gún costumbre. 
—Calla por Dios, mujer; vengo desolada: 
lo que se dice desolada. ¿Os acordáis de los 
de Melato, aquellos que fueron vecinos 
míos en la calle del Divino Pastor? 
—¿En el número veinticuatro? 
—No; allí había muy mala vecindad; no 
se podía una tratar con nadie. Era, en el 
treinta y uno. Creo que os dije que el mes 
pasado había muerto la mujer, Filomena, de 
sobreparto. Pues bien, anteanoche murió el 
marido, de pulmonía, y dejan cuatro hijos 
que caben debajo de un perol. 
—¡Qué atrocidad! 
—¡Pobres criaturas! 
—¿Y cómo han quedado esos niños?—in 
quirió doña Jesusa. 
—Huérfanos—repuso tía María, extraña 
da de la pregunta. 
—No digo eso, mujer, no seas tonta. Di 
go si les quedará alguna fortuna. 
—Supongo que no. Melato ganaba mu 
cho, pero vivían completamente al día: tan 
to tengo, tanto gasto; lo de casi todas las fa 
milias de Madrid. El tenía un buen destino: 
er a no sé qué de caminos algo de cami 
nos. ... 
—Ladrón de caminos—dijo Esperancita 
nendo. 
—Peón caminero—remachó la madre. 
"No la toméis el pelo—intervino Luisa, 
"hería ingeniero de caminos. 
Eso debía ser. Los chicos se los lleva un 
tm. Un tío suyo, vamos, no es que yo le in 
sulte, pobre señor... y eso que él casi me 
ha insultado a mí... 
¿Cómo es eso? 
Me ha dicho que represento más de 
cuarenta años... 
Esperanza no pudo contener la risa. 
"¡Vaya un insulto! 
fia María se sintió molestada por la hila 
ridad de Esperanza. 
Cuando las cosas no son verdad 
1 erque has de saber, muñeca, que hasta 
hentro de dos meses no cumplo los treinta 
y cinco. 
"¿Meses?—dijo Esperancita, burlona. 
„ No, señora, años. ¡Vaya con la ehi- 
cuela! 
Eoña Jesusa intercedió: 
"No la hagas caso, mujer, 
tes Francamen t e > estas guasas incesan- 
„,^. anosa de desagraviarla, Esperanza se 
oalanzó al cuello de su tía, haciéndola mi 
mos y carocas. 
much ° en ^ a ^ es ’ *' a María, que te quiero 
"Quita de ahí, empalagosa, zalamera 
0 te debía mirar a la cara. Tú, siempre 
ofendiéndome; y yo, sin embargo, te quiero 
más que a nadie. 
—Por lo mismo. ¿Tú ves, Luisa? La tía 
María abunda en mis ideas. 
—¿Qué? ¿Es alguna nueva guasita? 
Nada de eso. Es.... una cosa muy seria; 
ya te la explicaré despacito. 
Pero tía María estaba escarmentada. Se 
levantó de la silla, dispuesta a irse. 
—Nada; lo mejor es que me vaya. Volve 
ré otro día, a ver si estáis más formales; y 
os advierto que me voy muy enfadada. 
—Tía María, no digas eso; todo fué una 
broma—dijo Luisa. 
—¿Queréis ver cómo la contento?—excla 
mó Esperanza.—Y añadió:—Tía María, te 
acompaño a ver cuartos desalquilados. 
La solterona se humanizó, 
—¿De veras? Vístete en seguida. 
Disponíase a ello Esperanza, cuando su 
madre la detuvo. 
—Pero, mujer, ¿no aguardas a Alfredo? 
—Es verdad—dijo la tía María:—no, no; 
entonces no debes salir. 
—¿Qué no? Ya lo veréis. Ha pasado con 
creces la hora convenida; que hubiera sido 
puntual, pues por no serlo, se llevará mi 
co Es decir, lo que diga mamá. 
Doña Jesusa se inhibió. 
—Yo no digo nada; allá tú: así como así, 
veo que este noviazgo no puede continuar, 
por mucha condescendencia que tenga Al 
fredo . 
Esperanza palmoteo alegremente, mar 
chando a vestirse. 
—Entonces me voy, me voy, y que rabie 
cuando venga. 
—Pero volved pronto—dijo doña Jesusa 
a tía María,—que no falta mucho para la ho 
ra de comer. 
—Descuida, mujer, cuestión de un mo 
mento. Ya no es hora de ver cuartos, por 
que ha anochecido; pero daremos unavuel- 
tecita. Me entusiasma llevar a mi lado a ese 
diablillo; parece que se me contagia su ju 
ventud, su alegría; oyéndola piropear pol 
las calles, me envanezco tanto o más que 
ella; más que tú, seguramente, cuando le 
digan chicoleos yendo contigo. 
Llegó a poco Esperancita, vestida de ca 
lle, con sombrero puesto. 
—Ya estoy preparada; no diréis que he 
tardado. Vémonos, no sea que venga don 
Alfredito y nos agüe la fiesta. Le decís que 
he ido de conquistas, a ver si rabia. Hasta 
luego, mamá: Adiós, Luisita. 
—Andad con Dios. ¡Buena parejita ! 
Dios las cría.... 
—Hasta luego. Pronto estamos de vuelta. 
Se asomaron al balcón para despedirlas. 
Doña Jesusa no pudo menos de decir a 
Luisa:
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.