Full text: Año 3.1914=No. 27 (1914002700)

FLOR 
K 
ES DE MAYO - 
A LA EXCELSA 
REINA DE LOS ANGELES 
Por Manuel de Villavicencio i 
y Toseana 
¡(ios te salve, Madredel Redentor, 
siempre tu gracia nos asista, y 
en la vida, de dolores sembra 
da, nunca nos abandones! 
María, de hinojos ante el altar, vengo 
hoy a ofrecerte un ramo de sencillas flo 
res, ¡dulce recuerdo de los pasados tiem 
pos, cuando pequeñuelo, tímido depo 
sitaba al pie de tu bendita imagen las 
blancas azucenas, las frescas rosas, o los 
esbeltos lirios! 
¡Feliz edad! Entonces el órgano acom 
pañaba nuestras voces infantiles, que te 
decían loores, y semejábamos querubes 
celestiales, adorando al Señor. Mas los 
años, impasibles se han sucedido, aque 
llos niños, nos vemos adolescentes, el 
bozo nos apunta, y hemos sufrido los 
primeros embates. 
Porque doquiera, encontramos peli 
gros y amenazas, nos acechan implaca 
bles los enemigos, y débil, flaquea nues 
tra voluntad. ¡Cuántos, madre mía, nos 
hemos alejado de tí, cuántos perecieron, 
y cuántos son hoy tus adversarios! 
Pero ya que afligidos y desengañados, 
nos retiramos la confianza que ¡ciegos! 
sólo en nosotros pensábamos debiera es 
tar; nuestra ansiosa mirada, vuélvese en 
todas direcciones, ¡en vano! rodéanos 
densas sombras, confuso rumor de tor 
bellino hiere nuestros oídos, un abismo 
se abre a nuestras plantas, y en él, pre 
cipitados fuéramos, si no por tu clemen 
cia, rasgando la bruma apareciera ténue 
rayo de luz, y suave brisa aspiráramos, 
que al disipar los temores, nos conforta 
ra el corazón. 
E impetrando socorro, regresamos co 
mo la descarriada oveja, hacia a tí, que 
amorosa, enjugas nuestras lágrimas, y 
derramas bálsamo de salud. ¡Ahlentonces 
pudiéramos decir con San Bernardo: «no 
se ha dicho que alguno que recurriera a 
tu patrocinio, quedase sin amparo». 
Y en este mes a tí consagrado, he que 
rido como antaño, traerte mi ofrenda, 
aquí están mis rosas marchitas y tristes, 
acéptalas madre mía, aunque hagan con 
traste con las alegres, que las manos de 
los niños, cortaron en el campo, y en ca 
nastillas han puesto en el ara. A mí. 
diómelas un viejo anacoreta, que las ha 
desprendido del tiesto que posee en la 
ventana de su estancia, y te las he ofer 
tado porque son puras, con la pureza 
austera y melancólica del fraile. 
Adiós, Madre de Cristo, me alejo del 
vetusto templo, donde solían mis ante 
pasados orar en amarillentos pergami 
nos; salgo de ese oasis en el desierto de 
la vida, isla en el proceloso piélago, pa 
ra otra vez a la recia y diaria brega 
apercibirme, pero más animoso, llevan 
do mi fe a manera de antorcha, con la 
inquebrantable fortaleza de los creyen 
tes, y repitiendo mis labios la bella in 
vocación que en notas interpretó Bach, 
para que en los coros de todas las igle 
sias del mundo se entonara, saludando 
a la Reina de los Angeles! 
México, Mayo de 1914.
	        
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