Full text: Año 3.1914=No. 28 (1914002800)

EN DEFENSA DEL MODERNISMO 
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Un crítico prologuista de Rubén Darío dice a propósito 
de esta novedad literaria tan poco plausible: "... .Pero, 
por lo mismo que es indudable que hay un ritmo pecu 
liar y distinto para cada forma de expresión, uno y 
otro ritmo no deben confundirse nunca, y mucho me 
nos debe intentar combinarse la flotante armonía de la 
prosa con el recurso de la rima para obtener una hi 
bridación comparable a la de ciertos cronicones latinos 
de la edad media.... ” 
En cambio, ¡cuánta belleza, cuánta armonía ha logrado 
reunir el popular poeta sudamericano dentro de otras for 
mas literarias! 
Algunas son nuevas solamente porque hay en ellas li 
geros toques de modernismo, breves destellos de unnue- 
vo sol.... pero, el ropaje, la maya y aun la idea tienen la 
delicada gracia de la época anacreóntica. El siguiente 
fragmento parece haber sido escrito, no en las postrime 
rías del siglo XIX, sino en pleno siglo de oro castellano: 
“Mi dulce musa Delicia 
me trajo un ánfora ¿riega 
cincelada en alabastro, 
de vino de Naxos llena; 
y una hermosa copa de oro, 
la base henchida de perlas, 
para que bebiese el vino 
que es propicio a los poetas. 
En la ánfora está Diana, 
real orgulloso y esbelta, 
con su desnudez divina, 
y en su actitud cinegética. 
Y en la copa luminosa 
está Venus Citerea 
tendida cerca de Adonis 
que sus caricias desdeña. 
No quiero el vino de Naxos 
ni el ánfora de ansas bellas, 
ni la copa donde Cipria 
el gallardo Adonis ruega. 
Quiero beber el amor 
sólo en tu boca bermeja, 
¡oh, amada mía, en el dulce 
tiempo de la primavera!” 
No son estos precisamente los modelos que han elegido 
los censores del modernismo para estudiar en severas 
críticas este género literario. Blanco de ellas han sido las 
producciones que constituyen los errores de los maestros 
o las que ha lanzado al mundo del arte la turba de imita 
dores faltos de originalidad y de buen gusto. 
Ya lo hemos dicho antes. Hay errores en las obras li 
terarias de Darío, de Lugones, de Nervo y de los demás 
que con ellos y en primera fila, hacen labor de arte. Pero, 
si hay errores, hay también éxitos, y si existen manchas, 
abundan las bellezas. El crítico sincero debe estudiar a la 
vez fracasos y triunfos. 
La escuela modernista ha obtenido aplausos y repro 
ches—“todo bella cosecha”—pero hay que advertir que 
los primeros han superado en mucho a los segundos. 
Mientras duermen el sueño de la indiferencia los mil li- 
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