Full text: 1.1932=Nr. 5 (1932000500)

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soy má feliz en el lago de Hangcliow, es 
tando contigo, que podría serlo sin ti en 
el palacio del noble más opulento de la 
China y hasta en el de su majestad el em 
perador. 
-No debes hablar en esa forma de su 
majestad el emperador dijo el anciano 
con cierta severidad. — Hablar despectiva 
mente de él podría ocasionarnos indecibles 
sufrimientos y hasta la muerte misma. 
En este momento nadie puede oírme, 
padre mío — dijo Bambú de Oro sonriendo 
d >: nuevo. — Y ahora, permíteme que te 
haga una pregunta: ¿Por qué continúas sien 
do tan leal para ese emperador que escu 
chó sin comprobar las calumniosas impu 
taciones de su primer ministro desterrán 
dote a causa de ellas de su corte? 
— Cállate, Bambú de Oro — dijo el an 
ciano alarmado por las palabras rebeldes de 
su bija.' — Si yo siento mi destierro, es úni 
camente por ti, que podías estar en este 
momento en nuestro gran palacio (le Pe- 
king rodeada de servidores que corriesen a 
ejecutar tus menores caprichos, y en cam 
bio te ves obligada a acompañarme en esta 
pobre barca, mientras trato de pescar esos 
sabrosos peces que hacen las delicias de las 
mesas de los ricos. Allí serías una de las 
primeras damas del imperio, mientras que 
aquí vistes en forma tal que pareces una 
pordiosera. 
—Nada me importa, padre mío, no poseer 
riquezas con tal de verte feliz dijo la jo 
ven; — y siendo tú dichoso, nada me im 
portan la grandeza y el poder perdidos. 
—El poder y las riquezas son bien poca 
cesa, pues basta una sola palabra para per 
derlos. Lo que siento es que mi destierro 
te ha privado del brillante matrimonio que 
te habría correspondido si hubiésemos per 
manecido en la corte. 
— ¡Quién sabe, padre mió! Acaso aquí ba 
jo el cielo del lago de Hángchow y al lado 
de sus azules aguas pueda encontrar más 
felicidad que en la corte. Acaso hasta aquí 
pueda llegar el hombre que ha de hacerme 
dichosa como esposo. En medio de la po 
breza puede existir la dicha con tal que ha 
ya amor. 
Pero ¿quién se va a fijar en una don 
cella que no posee más bienes que su her 
mosura, luja mía?, Sólo un hombre de la 
primera nobleza puede aspirar a tu mano, 
y los nobles no suelen fijarse en las hijas 
de los pescadores para tomarlas por espo 
sas . 
--No hablemos más acerca de esto, au 
gusto padre — suplicó la joven. — El sol 
ACTUALIDADES 
empieza a ocultarse detrás de las colinas y 
la noche se acerca. Volvamos a tierra con 
lo que hemos pescado. 
Poco después la pequeña embarcación a- 
trucaba a la orilla y Mung Ting y su hija 
so dñigian hacia su humilde vivienda, si 
tuada tan cerca del lago que por las no 
ches se oía desde ella el murmurar de sus 
aguas cristalinas. El pescador llevaba la 
espalda encorvada bajó el peso del pesca 
do-y Bambú de Oro .cargaba sobre sus de 
licados hombros las redes. Antes de lle 
gar a la casita se encontraron con un des 
conocido. Era un joven que vestía el trajo 
'tínico de los labradores y que también lle 
vaba una carga sobre sus hombros. Su son 
risa era gentil y sus ojos tenían la mirada 
noble y leai. Bambú de Oro sintió que su 
corazón latía con cierto apresuramiento al 
encontrarse su mirada con la de él. El fo 
rastero se inclinó cortésmeiue delante de 
Mung Ting diciendo: 
—-¿Tiene esta humilde persona permiso 
para hablar al venerable desconocido? 
Bambú de Oro pensó que jamás había oído 
úna voz más simpática y agradable que la 
del forastero. 
—¿Qué es lç que tenias que decirme? — 
medio gruñó .Mung Ting sin detenerse. 
—Unicamente lo que sigue: Que esta hu 
milde persona que tiene el honor de dirigir 
te la palabra desea ganarse la vida traba 
jando. Es posible que también yo pueda 
obtener lo suficiente para vivir dedicándo 
me a la pesca de “samlis”. 
—Por Supuesto -— manifestó Mung Ting, 
— pues el lago es de todos y los “samlis" 
no son difíciles de pescar. 
—Puesto que pienso dedicarme a las mis 
mas actividades a que se dedica mi vene 
rable interlocutor — dijo ceremoniosamente 
el desconocido, — desde ya puede éste con 
tarme como amigo. Me llamo Wu Fu. 
Mung Ting estrechó con íiialdad la ma 
no que le tendía su nuevo amigo. Bambú 
de Oro le sonrió al pasar, y no fue sino 
después de haberlo hechq cuando recordó 
que una doncella de noble estirpe china no 
debe mirar al rostro a un desconocido. Es 
te pensamiento hj^o que su rostro se cu 
briese de un rubor que la hizo aún más en 
cantadora . 
Una vez que estuvieron en su modesta 
vivienda, Bambú de Oro interrogó a su 
padre: 
—¿Por qué te mostraste tan poco ama 
ble con ese forastero, padre mío? Acaso 
su encuentro sea de buen agüero para nos 
otros, pues su nombre Wu Fu significa “las
	        
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