Full text: 1.1932=Nr. 5 (1932000500)

ACTUALIDADES 
nutríbra y veo todo, con un estremecimien 
to inexplicable. 
i’odo es muy simple, sin embargo, un pe 
queño departamento de casa colonial,, con 
muros de madera, con sillas de paja. Sobre 
una consola, un reloj del tiempo de Luis 
XV cuyo péndulo hace un tic-tac impercep 
tible . Pero yo he visto ya todo eso y tengo 
conciencia de la imposibilidad en eme me 
encuentro de acordarme donde, y m'e agito 
con angutias detrás de esta especie de ve 
lo tenebroso que está tendido en un punto 
dado de mi memoria deteniendo las mira 
das que quisiera aventurar más allá, en no 
sé que recinto más profundo. 
Es en la tarde decididamente. Es la 
claridad dorada de un sol que va a extin 
guirse, y las agujas del reloj Luis XV mar 
can las seis.... ¿Las seis de qué día per 
dido para siempre en el abismo eterno? 
¿De qué día, qué año lejano y desapa 
recido? 
Esas sillas tienen también un aire anti 
guo. En uiía de ellas hay un gran sombre 
ro de mujer, de paja blanca, de una forma 
que pasó de moda hace más de cien años. 
JVlis ojos se detienen y entonces el estreme 
cimiento indecible me sacude con más fuer- 
xa.... La luz, baja; es ahora apenas la 
mortecina claridad de los sueños ordinarios. 
X T o comprendo, no se, — pero apesar de to 
do, — siento que be estado al corriente de 
las cosas de esta casa y de la vida que se 
lleva en ella, — vida melancólica y deste 
rrada de las colonias de antaño, cuando las 
distancias eran más grandes y los mares 
más desconocidos. 
Y mientras miro ese sombrero de mujer, 
que, como todo lo que está allí, se funde 
poco a poco en tonos de un gris crepuscu 
lar, me viene esta refexión hecha en mi ca 
beza por otro que no soy yo; “Entonces es 
que ELLA ha vuelto”. 
Ln efecto, ELLA, tras de mi. sin que hava 
oido llegar; ELLA, permaneciendo en parte 
obscura, en el fondo del departamento a don 
de no llega el reflejo del sol; ELLA muy 
vaga como un tenue dibujo en colores muer 
tos sobre sombra gris. ELLA, muy joven, 
criolla, sin sombrero, con sus bucles ne 
gros dispuestos alrededor de la frente, de 
manera anticuada; ojos limpios y hermosos 
que parecían querer hablarme, con' una mez 
cla de triste asombro y de candor infantil; 
quizas no bella en lo absoluto pero pose 
yendo la suprema gracia.... Y.... luego, 
sobre todo era ELLA! 
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ELLA, una palabra que por si misma es 
de una dulzura exqusita al pronunciarse; 
una palabra que tomada en el sentido en 
que la entiendo, resume en sí toda la ra 
zón que de vivir se tiene y casi explica lo 
inefable y lo infinito. Decir que la reconocí 
sería una expresión muy banal y muy dé 
bil, fué mucho más, mi ser encadenado se 
alzó hacía ella con profunda fuerza; y es 
te movimiento tenía no sé que de sordo, 
de horriblemente sofocado, como el esfuer 
zo imposible de alguno que quisiera volver 
a tomar su propio aliento y su propia vida 
después de años y años pasados bajo la lá 
pida de un sepulcro..., 
Habitualmente una emoción muy fuerte 
experimentada en un sueño rompe los hie 
los impalpables y todo se acabó! — Se 
despierta; la trama frágil, una vez rota, flo 
ta un instante, luego recae, se desvane 
ce tanto más aprisa cuánto el espíritu se 
esfuerza en retenerla, — desaparece’. como 
una gasa rasgada en el vacio que se qui 
siera perseguir y que llevara el viento al 
fondo dé ¡lejanías inaccesibles. Perú no, es 
ta vez no desperté y el sueño continuó 
extinguiéndose, se prolongó lánguidamente. 
Un instante quedamos el uno frente al 
otro, detenidos en nuestros esfuerzos por 
recordar, por no .sé que inercia sombría; 
sin voz para hablarnos y casi sin pensa 
miento, cruzando solamente nuestras mira 
das de fantasmas con asombro y deliciosa 
angustia... Luego nuestros ojos también 
se velaron y nos convertimos en formas 
más vagas aún, ejecutando (osas insignifi 
cantes e involuntarias. La luz bajaba, lia- 
jaba siempre, ya casi no se veía. ELLA sa 
lió y yo la seguí en una especie de sa 
lón de muros blanqueados, vasto, apenas 
provisto de sencillos muebles — como de 
ordinario en las habitaciones de los plan 
tadores. 
Otra sombra de mujer que nos esperaba . 
allí vestida con un traje criollo una mu 
jer de edad a quien reconocí también en 
seguda y que se le parecia, su madre sin 
duda, se levantó al vernos entrar y 
salimos los tres sin haberlo concertado, 
como si obedeciéramos a una costumbre.... 
Dios mío, cuántas palabras y cuantas lar 
gas frases para explicar pesadamente esto 
que Pasaba sin “duración” y sin ruido, en 
tre personajes diáfanos como reflejos, que 
se movían sin vida en una oscuridad siem 
pre creciente, más “incolora” y más agita- 
<ííi que la <le la noche! 
Salimos los tres en el crepúsculo a una
	        
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