Full text: 1.1915=Nr. 2 (1915000102)

Letras 
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Este aspecto del problema, que Sar 
miento señala sin detenerse, había sido 
ya estudiado por otros calificados pre 
cursores de la sociología argentina. 
Echeverría (1), entre otras recomenda 
bles intuiciones que merecen desglosar 
se de su obra semiculta y confusa, ex 
presó claramente que para el conoci 
miento de la formación histórica de la 
nacionalidad argentina es indispensable 
estudiar las etapas iniciales de su vida 
económica, clave fundamental para com 
prender el mecanismo evolutivo de su 
régimen político y de sus instituciones. 
Alberdi (2) tuvo también claras visiones 
al respecto. Ambos son los precursores 
de esta manera de tratar los orígenes 
económicos de la nacionalidad argen 
tina. Ese buen sendero compleméntala 
gran ruta señalada por Sarmiento. 
La diversa finalidad moral y econó 
mica de ambas colonizaciones, engen 
dró el problema grave déla mestización 
hispano-indígena en Sud América, des 
conocido, o poco menos, en la del Norte, 
que soportó la coexistencia de la raza 
negra importada, sin mezclarse con ella- 
Mientras en el Norte una raza europea 
y modernizante engendra una sociedad 
europeizada, en el Sur una raza medio 
eval y reaccionaria se mezcla ala indí 
gena para constituir un conglomerado 
anárquico en que se suman las taras de 
ambas. La colonización española, dice 
Sarmiento en sus concluciones, se dis 
tingue “en que la hizo un monopolio 
de su pxmpia raza, que no salía de la 
edad media al trasladarse en América y 
que absorvióen su sangre una raza pre 
histórica servil ” (tomo II, pág. 415). En 
su carta a Mr. Noa (toma I, pág. 33 y 
siguientes), pone de relieve la influencia 
que tuvo la incorporación de los indí 
genas a la vida nacional. Y en toda la 
obra esas ideasencuentran desarrollopro- 
fundo, dándoseles cardinal importancia. 
Bunge, en Nuestra América, sigue 
(1) «Dogma Socialista»; «Segunda lectura» («Plan 
econ< mico»), etc 
(i?; «Bases»; «Estudios Económicos» y «América», 
en «Obras póstumas», etc. 
rumbos semejantes y precisa mejor el' 
concepto. En nuestra población hispa- 
no-americana reconoce la resultante de 
tres grupos étnicos, confundidos en es 
trecha amalgama, aportando cada uno- 
las características psicológicas que le 
son propias; pone en segundo los 
otros factores étnicos que accidental 
mente convergieron a su constitución. 
Mientras los ingleses tuvieron en Norte 
América hembras anglosajonas, conser 
vando pura su psicología al conservar 
la pureza de su sangre, los españoles se 
cruzaron con mujeres indígenas, com 
binando sus taras psicológicas con las 
de la raza inferior conquistada: en la 
colonización de ambas Américas esa 
sería la diferencia fundamental. Los 
yanquis son europeos puros; los hispa- 
nos-americanos están mestizados con 
indígenas y africanos, guardando la- 
apariencia de europeas por simple pre 
ponderancia de la raza más fuerte. En 
nuestra resultante psicológica colec 
tiva, en nuestro carácter nacional, Bun 
ge rastrea los caracteres propios de las 
razas componentes: la psicología del 
pueblo español en el tiempo de la con 
quista, la del indígena americano y la 
del esclavo africano. Concuerda plena 
mente con la idea de Sarmiento, com 
partidas también con otros escritores. 
La formación de la sociedad colonial 
resultaría por consiguiente, incomprensi 
ble sin el conocimiento previo del medio 
físico y de las razas que en él se refundie 
ron: estudio que Sarmiento planteó en sus 
grandes líneas, aunque no pudo reali 
zarlo en forma completa. Aparecen ya, 
en aquella época, ciertos sentimientos 
característicos de la mentalidad gaucha,, 
que fueron sedimentándose hasta desco 
llar en la psicología de la socieded his 
pano-indígena. 
El culto del coraje individual y el 
sentimiento de la grandeza del país no 
pudieron escapar a Sarmiento: «Este 
hábito de triunfar de las resistencias, 
de demostrarse siempre superior a la 
naturaleza, de desafiarla y vencerla, 
desenvuelve prodigiosamente el senti 
miento de la importancia personal y de
	        
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