Full text: 2.1916=Nr. 5 (1916000205)

LETRAS 
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En la melancolía del sexo vé el ger 
men de la gran tristeza humana, ele 
gante cifra de cierta desoladora filo 
sofía. 
Siempre estuvo persuadido que la 
bondad de la mujer es más efímera 
que su hermosura. 
Es a veces bellamente impío, con im 
piedad simpática. Zenotemis, en el ban 
quete de Tais, revista de la filosofía pa 
gana agonizante, dice que no hay una so 
la acción humana, ni siquiera el beso de 
Judas,-que no lleve en sí el gérmen de 
la redención, y Valle Inclan también 
descubre en donde menos se espera, el 
polvo de oro de la belleza. Le encuen 
tra hasta en el horrendo incesto de la 
Niña Chole. Sus labios sangrientos eran 
bellos como su historia! Lo peor es que, 
a fuerza de elegancia, torna a su he 
roina casi inocente, casi pura; con el 
nimbo del amor la ennoblece y la res 
cata. La otra heroina de la Sonata de 
Primavera, no sabía, la pobre, que su 
destino de santa era menos bello que 
el de María de Magdala. 
En la Misa de San Electas del Jar- 
din Novelesco, tres jóvenes enfermos, 
mordidos por un lobo rabioso, van a 
pedir su cura al santo milagrero. Con 
voces estranguladas gemían caridad. 
El abad cantó la misa y ésta fué tan 
eficaz que los tres penitentes se mu 
rieron. Aquí la deliberada sencillez, ca 
si simple del estilo, hace resaltar el 
■contraste inmoral del desenlace. 
* 
¿Quiénes influyeron sobre él? 
Sus ideas, en ocasiones, parecen teñir 
se un tanto de las de Jean Lorrain 
(prescindiendo de las expresiones cris 
padas y violentas de este enfermo, me 
apresuro a decirlo). 
Hay en el uno y en el otro como en 
casi todos los decadentes, cierto abuso 
intolerable de lo litúrgico. 
Y María Rosario tenía su legenda, co 
mo el Duque ele Fresnes aunque en 
nadase parezca la imagen angélica del 
amor puro con Mr. de Phocas, el ende 
moniado, que buscaba las miradas de 
agua doliente para ahogar en ellas a la 
Ofelia de sus deseos. 
Y el encanto perverso de la Niña 
Chole, Venus turbulenta, hace pensar 
en las princesas de Moreas a que alude 
Lorrain, malditas, fatales y ¡adorables! 
Las audacias de Gracian asoman no 
se sabe dónde ni cómo, pero sin su 
amaneramiento a veces gongorino. Tal 
vez en un título, en Flor de Santidad. 
Luis, dice Gracian, era flor de santos 
y de reyes. 
Pero todo está atenuado por Anato 
le France. Los ojos de violeta de Adega, 
la zagala soñadora, son los propios de 
Tais, la divina cortesana, y ciertos sue 
ños y visiones compulsan los de Pafnu 
ció. Quizá el Satanás, Satanás, con que 
finaliza la Sonata de Primavera, sea éco 
del Vampiro, Vampiro, con que acaba 
Tais. Cuando la Niña Chole, tendióse 
en la hamaca y esperó, remedaba bas 
tante a la temible cortesana que antes, 
en la gruta, también esperó al abad de 
la Tebaida santa. 
H: 
* * 
Pero de todos modos Valle Inclán es un 
escritor original. Nadie, que sepamos, 
practica en España como él, el arte 
por el arte. Ha trasuntado cuadros be 
llísimos con el delicado pincel de su 
palabra y después de tanta prosa fati 
gante, descansamos en las ondas sua 
ves de su estilo. 
* * 
Y ¿se ha retratado a sí mismo Valle 
lucían? Acabamos por dudarlo. En al 
go intervenimos —en la distribución de 
los colores. 
Lectores habrá que con distinto tem 
peramento, copiando pasajes diferentes 
a los resumidos por nosotros, produzcan 
otra impresión con otra estampa. El 
tinte del prisma interior.... el fantas 
ma cerebral. Decididamente, no pode 
mos salir de la caverna! 
Manuel Domínguez 
Asunción.
	        
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