Full text: 1.1916,4.Nov.=Nr. 13 (1916000113)

26 
puede ser la nave Argos? ¿Acaso no nos es permitido todo en 
materia de adaptación? Y ya en abierto tren de adaptadores trans 
formamos a los actores de la compañía en argonautas y a Don 
juan Tenorio en vellocino de oro. Suprimimos el dragón que 
defiende al vellocino de marras, porque de meterlo en danza, por 
más moderno que el dragón fuera, no permitiría, sin duda, el he 
cho artístico que comete Jasón Cordero. 
Una encina y un bosque de bambalinas, ajústanse perfecta 
mente a la encina y al bosque de la Cólquida, En cuanto al 
público ¿no es el más indicado para personificar a Medea la ser 
vicial princesa enamorada de Jasón con cuya ayuda consiguió 
éste su heroico propósito ? 
Bien dice Cordero:—Satisfecho estoy con que el público “me 
dea” para vivir hasta la próxima temporada. 
Cordero, que en años anteriores fuera proclamado Cristo au 
téntico, ha sido, en el que corremos, consagrado 1 cnorio único. 
Nadie sino él tuvo el suficiente valor de emprenderla con 
Don Juan. Ni los exhaustos cómicos de provincias, ni aquellos 
de las continuas veladas artísticas en artísticos cafés. 
¡Nadie! ¡Nadie! Solamente Cordero atrevióse. 
Debido a la falta de competencia en tenorilcs cuestiones, un 
regular público acude a presenciar el magno acontecimiento. 
Público cursi, público de niñas sentimentaloides, de galan- 
cillos imberbes que se sienten Don Juanes hechos y derechos, de 
opulentas mamás que buscan colocación para la femenina prole 
entre tanto Don Juan incipiente que, dicho sea de paso, no las 
van con bromas de tal calibre, público de horteras y de portugue 
ses desocupados, amigotes siempre de la democrática gorra... pero 
público al fin y al cabo. 
Es justo dejar constancia que también influye en la afluencia 
del heterógeno conjunto, la baratura de los precios fijados por 
la empresa apesar de la carencia de competidores. 
Por eso es de ver el gesto con que el terrestre nauta declama 
aquello de: 
«No os podéis quejar de mí 
vosotros a quien maté». (*) 
Si uno sesenta os quité 
arte purísimo os di. 
Los dos últimos versos—menos mal—los declama «in pectore». 
Así nos lo contó la Soledad ( 2 ) rogándonos guardáramos el secreto. 
Queda complacida. 
Y es de verlo asimismo en la redondilla que sigue: 
(') En í 1.60 ra/n. c/1. 
p) Con S mayúscula.
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.