Full text: 1.1881,29.Jan.=Nr. 4 (1881000104)

EL CORREO AMERICANO 
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Otros se han apoderado después del poder civil, nuevas 
revoluciones han estallado, y en medio de las venganzas atro 
ces, de la sangre vertida para vengar la sangre, y en medio 
de las luchas de principios, de las competencias personales) 
de los ódios y las iras, la iglesia, acogiendo á todos sonrien 
te, les ha hecho oir siempre palabras de perdón; todo3, ami 
gos de hoy y enemigos de ayer y de mañana, vienen á pedír 
selo. He aquí io que hace su poder; ella atrae la muger, segu 
ra de el que hombre indiferente ó escéptico seguirá un dia á su 
compañera. 
Los dias de fiesta son los dias de triunfo de Roma en e 
Perú. Entonces los sacerdotes se eclipsan, y no se vé mas 
que las imágenes de Dios y sus santos rodeados de una mu 
chedumbre inmensa de creyentes. El espectáculo del Viernes 
Santo es la prueba de este poder, de esta influencia que los 
apóstoles (le la cruz ejercen sobre el pueblo entero, y sobre 
todo este movimiento visible y esta agitación sorda, reina la 
calma de la noche limeña, calma absoluta, dulce y acariciado 
ra. Un cielo sin nubes sembrado de estrellas del firmamento 
equinoccial, se estiende sobre este mundo singular: se diria 
que es una constelación de diamantes bajo un dosel negro. 
Sin embargo esta ojeada general no basta para conocer una 
sociedad tan heterogénea. Introduzcámonos por un momento 
en medio de los pardos, los blancos, los negros y los chinos, 
y veamos cómo todas estas razas han llegado al rincón de 
tierra que desde hace largo tiempo les sirve sucesivamente de 
campo de cultura y de arena de combate; recordemos en po 
cas palabras su aclimatación material y moral en una revista 
succinta hecha por orden cronológico. 
El primer habitante del Perú era el autóctona. Deberla 
empezar por él. Pero hay pocos indios en la costa, y no los 
hay en Lima; encontramos solamente los cholos, los chino- 
cholos y otros meztizos; respecto de él, enviamos pues al lec 
tor á los pasages relativos al interior del Perú, donde la raza 
indígena aunque diezmada ha sobrevivido á todos los cata 
clismos. 
El indio ha silo reemplazado en su tierra por el blanco, que 
en la apariencia se ha aclimatado muy bien en el Perú. Y 
decin.03 en apariencia porque esta aelimatacion no ha dado 
buenos resultados sino después de la mezcla de las razas. 
Las familias de sangre completamente blanca, comienzan ge 
neralmente á degenerar á la tercera generación, y se extin 
guen en un incurable raquitismo. 
El criollo en toda su fuerza, es un ser singularmente simpá 
tico á pesar de sus muchos defectos. De raza española, ha 
nacido gran señor, y ama la etiqueta republicana y las insti 
tuciones monárquicas. Que tenga títulos de nobleza ó no los 
tenga, permanecerá siempre grande de España; no será jamás 
ni peón, ni comerciante, ni industiia!. Si se ocupa de empre 
sas mineras ó agrícolas, manejará sus peones á latigazos, á 
sablazos ó á tiros; establecerá en su propiedad el principio de 
su voluntad, el feudalismo absoluto, y no admitirájamás que 
el gobierno se mezcle en sus asuntos. Esto lo hará no sola 
mente en los valles inaccesibles del interior sino también en 
su hacienda situada á las puertas mismas de la Capital: todos 
lo saben, pero los que lo saben son de la misma raza que él, 
lo comprenden y lo dejan hacer. 
Esta actividad ilegal en la forma, pero útil á la producción 
del país, constituye la escepcion, porque la tendencia natural 
del criollo, que se esplica tanto por el carácter de la raza es 
pañola como por la influencia del clima, lo lleva al dulce far 
miente; con este objeto quiere siempre ser empleado, funciona 
rio, y las mas de las veces militar. Tal es la causa del gran 
número de oficiales superiores que hay en el ejército peruano, 
que cuenta un coronel por cada seis simples soldados. En 
s uma, el criollo perpetuará tanto como su sangre la nobleza 
particular del hidalgo. 
Es de carácter ligero, y aprovecha con gnsto la libertad de 
las costumbres para sembrar flores en los caminos extraviados 
del b meneo. 
Conversador por escelencia, os hablará de todo lo que sabe 
y lo que no sabe. Os hablará de la industria azucarera y al 
godonera, de la cria de ganados, del cultivo de la coca, de 
caballos, ovejas y mulas, de filosofia trascedental, de teologia, 
de vida parisiense, de trabajos de minas, de empresas de ca 
minos de fierro, de historia peruana (que llamarla con gusto 
romana); criticará amargamente su país, su magistratura, su 
gobierno, su diplomacia, sus finanzas, y se indignará si su in 
terlocutor europeo se permite emitir una opinión análoga á la 
suya. 
En política no tiene otros principios que la independencia 
nacional, ni otro anhelo que ver á sus amigos en el poder. 
Es hábil financista, mal industrial, agrónomo y minero ruti 
nario. 
Escéptico y libre pensador en sus ideas, aparece devoto en 
la práctica; soldado á la manera de los conquisladores, es va 
liente y á veces un tanto fanfarrón: el anfitrión hospitalario 
practica fuera de su casa el arte de sonreír. En suma, es 
perfectamente dichoso á su manera, y aunque en el fondo de 
su corazón detesta al estrangero, al que designa con el apodo 
de gringo, se muestra siempre afable y bueno con él. 
Al lado del criollo, el emigrante blanco se ba establecido 
en el Perú; pero desgraciadamente vá allí con la intención 
preconcebida de no permanecer. El recuerdo de la patria 
hace que predomine en él la constante preocupación de la 
partida, lo. que es perjudicial al país que habita sin ligarse á 
sus intereses. Hacerse rico lo mas pronto posible, hé ahí su 
único pensamiento. 
Este fin justifica para él todos los medios, y esplica porqué 
los emigrantes no son casi nunca agricultores y rara vez in 
dustriales. 
Aparte de las consideraciones históricas, ca*sas puramente 
fisiológicas se oponen al trabajo manual de los blancos en los 
trópicos. Han ido durante largo tiempo al nuevo mundo co 
mo conquistadores, armados de la espada que terminaba en 
una cruz, ó como misioneros apostólicos con la cruz que ter 
minaba en una espada; lo3 colonos llegados allí en calidad de 
agricultores, como los emigrantes de la América del Norte, 
son poco numerosos. 
Se ha ensayado sin embargo el trabajo libre del blanco. La 
América equinoccial ha dado á los colonos que se establecían 
en ella ventajas tan grandes como las que se proporcionan á 
los inmigrantes en la América del Norte. Sin citar puntos 
como Blumenau, Joinville y Nueva Pribourg, en el Brasil, no 
tenemos mas que recordar á Posuso y Chane.bamayo en el 
Perú. 
Los Gobiernos respectivos han hecho los sacrificios mas 
considerables para fundar colonias agrícolas en estos puntos. 
Los resultados generalmente mediocres de estos esfuerzos, 
hacen comprender que se produce en aquellas regiones una 
especie de relajación fisiolójica entre los colonos, que influye 
sobre su voluntad hasta el estremo de hacerlos incapaces dej 
trabajo material útil. 
Se diria que toda vez que la raza blanca vive en medio de 
las razas de color, se encuentra condenada á desempeñar el rol 
de los grandes señores. Los europeos y los norte-americanos 
en el Perú son casi siempre importadores ó vendedores al por 
mayor ó en detalle de los productos europeos. Estos produc 
tos, fabricados del otro lado del Atlántico para la exportación, 
no tienen las calidades ordinarias de las buenas mercancias 
de nuestras fábricas: el uso los deteriora rápidamente, y el 
comprador está obligado á reemplazarlos á cada paso. Asi 
se acumulan las fortunas rápidas que los vendedores hacen en 
los países latino-americanos. 
Apesar de la diferencia de nacionalidad de estos negocian 
tes, la similitud de sus ideas y de su comercio permite decir 
de todos que son febrilmente activos, de una amabilidad por 
lo general sospechosa, muy gastadores, y á menudo jugadores 
y de costumbres ligeras. Aprecian medianamente á los crio 
llos, y se entienden bien con la gente de color, contra la cual 
no tienen las preocupaciones del hijo del país.
	        
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