Full text: [1].1911=Nr. 10 (1911000110)

o 
Marca de Fábrica 
"HAZELINE SHOW" 
(Trade Mark) 
REFRESCA, CALMA Y CURA 
LAS ERUPCIONES Y TER 
SURA DE LA PIEL. 
Mantiene el cutis claro 
EN TODAS LAS FARMACIAS 
Buoughs Wellcome a fia.-Londres 
MONTEVIDEO 
Beisso y Cía. 
Farrrçacia Cranwell 
DECADENTE 
Sonatina en lila cadenciosa 
Seguía mirándome calmosamente, 
con inefable tristeza. En la insisten 
cia de su mirar, lentamente apagóse 
el brillo, antes inusitado, de sus ojos. 
Sus dos bellas pupilas semejaron 
entonces dos záfiros empañados. 
Maravillosamente aconsonantaba el 
azul de la cinta que con abandono 
atara á su cuello, con el azul de sus 
dos mellizas pupilas. Se les hubiera 
tomado por dos semejantes estro 
fas de un gracioso poema, poema su 
gerido-ai espíritu de cosas altamente 
ideales. Porque todo en su cuerpo 
adquiria un carácter de Vaga ideaiídad, 
—Ah, señora,—la dije yo con dul 
zura, con unción, (temía ofenderla) 
—¿por qué no habríais de preferir el 
violeta para esa cinta que alrededor 
de vuestro cuello se retuerce como 
exótica víbora? El violeta es un co 
lor anermal. Violetas debieran ser 
las pupilas que reflejan perversos co 
razones. Violetas son los arcos que 
circundan los ojos de las vírgenes 
en celo. En vos. mujer extraña, mujer 
fascinadora, bien cabe ese matiz. 
No se sonrió. Permaneció callada. 
Con infinita tristeza siguió mirándo 
me con sus dos grandes pupilas afi 
nes. En el silencio yo oíala soñar. 
Por los anchos ventanales de la 
sala que se abrían sobre el parque, 
una brisa tibia, suave, llegaba hasta 
ESTA PROBADO 
-QUE LA- 
Sastrería 
ba Europea 
ES LA ÚNICA 
QUE NO TIENE COMPETENCIA 
EN ESTA REPÚBLICA 
Admite amortizaciones mensuales 
247, nndes, 24S - IMieo 
nosotros, rozándonos apenas con 
sus tenues alas de invisible maripo 
sa, rememorando en mí, indetermi 
nadas voluptuosidades. 
Hablaba picarescamente de morbi 
deces extrañas, de satinadas pieles, 
esa brisa estival que á través del 
tupido ramaje del parque se filtraba 
en la estancia, sutilizándose, pulve 
rizándose casi. En un sillón un ga- 
tito blanco dormitaba en una beati 
tud de normal digestión. 
Desde algunos instantes causába 
me fastidio un pretencioso cuadro, 
muy ingenuo, muy bonito, muy ri 
dículo: dos pastorcillos sentados en 
enojosa simetría, armonizando con 
precisión matemática dos idénticas 
sonrisas descoloridas. 
Su torpe embobamiento amoroso, 
su pose de pastorcillos de Batteux, 
hádamelos candorosamente horri 
bles. Sobre todo me irritaba el irreal 
rojo de sus mejillas, una coloración 
atrozmente vulgar, una coloración en 
exceso campesina. 
Volvi á hablarle cadenciosamente. 
Gustaba ese dia en escuchar mis 
mismas palabras, á las que esforzá 
bame en darles un ritmo melancólico 
penetrante. Hubiera deseado que mis 
palabras tuviesen la rara fascinación 
de un órgano que suena en una gran 
Cepillos 
Plumeros 
Pinceles 
bos mejores 
Unicamente en lo de 
ti. A. HUERO 
Hile 
25 PE NIAYO, 484 
MONTEVIDEO 
catedral desierta. Hubiera deseado 
que mis palabras pareciesen en sus 
oídos, arrullos de palomas, rugidos 
de fieras; que tuviesen extrañas, 
fantásticas inarmónicas tonalidades. 
Hubiera deseado conquistarla con la 
música de mi verba. Y dije: 
—Señora, la tarde va á caer. Son 
bellos los acasos, ¿cierto? Bellos 
como una agonía. Y como un naci 
miento. Son la muerte del día. La 
noche nace con ellos. El sol está 
próximo á ocultarse. Mirad: ya no 
se le ve; pero ha dejado en el cielo 
la huella de su paso ¡Cuánta sangre, 
cuánta, parece haber derramado pa 
ra teñir el cielo de ese hermoso co 
lor escarlata!.. Amo el rojo, señora. 
Lo amo, porque me habla de épicos 
combates, de vocingleras fanfarrias, 
de aullidos de resonantes trompas, 
de sangrientas bocas de hembra que 
parecen heridas, y de heridas doloro 
sas que abren sus labios cual bocas. 
Mi voz iba adquiriendo matices 
crepusculares. Se apagaba, se apa 
gaba... En la penumbra que invadía 
la estancia, aún refulgía la cabellera 
dorada de mi princesa. 
—Calláis, señora? Observad yaba 
llegado la noche. La luna ha salido. 
Venus, su hermana, la acompaña. En 
cierra en sí una indefinible fascina 
ción. la luna. El sol es más solemne, 
pero también más vulgar. El es el 
enorme brasero que infunde calor al 
mundo: ella es la lámpara familiar 
que dulcemeute lo alumbra. El es va 
rón. Ella es mujer. Los gatos, amo 
rosas bestias, poéticas, por consi 
guiente. la adoran. En ella encuen 
tran un silencioso testigo de sus 
nocturnas pasiones. Tiene todo el 
encanto de una virgen, muerta antes 
que los deseos la mancillaran. La 
luna es casta. Es triste. Es miste 
riosa. 
— iDecíais, poeta?... Me había ador 
mecido. Seguid. El ritmo de vuestro 
lenguaje me arrulla deliciosamente. 
Seguid. 
Roberto EYNHARDT.
	        
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