Full text: 2.1914,30.Sept.=Nr. 37 (1914003700)

Crónica 
impresionaba por su audacia y talento, rá- 
pidamente eran tachados y sustituidos por 
otros, provocando en Lidia Lvovna, que 
atentamente seguia al lápiz del pintor, ya 
una atención amable o forzada, ya una son 
risa picaresca y alegre. 
Pero papá, qué malo ores. Prometes y 
luego te callas—interrumpió Kotik un poco 
ofendido. Después inflo los labios, bajó su 
cabecita y estirando nerviosamente sus de 
dos empezó a golpear con los pies las ro 
dillas del padre. Jolchewnicow se volvió 
bacia él y para reparar su falta lo abrazó. 
—Bien, bien, Kotik. Enseguida te contaré 
el cuento. No te enojes... Pero... ¿qué 
te contaré?... 
^ se quedó un momento pensativo. 
¿Del oso, al que cortaron una pata?— 
dijo Kotik ya consolado y enseguida mur 
muró decepcionado:—Eso ya lo sé. 
Súbitamente en la mente de Jolchewni- 
cow nació una idea luminosa. ¿Acaso su 
propia vida no podría servir de tema a un 
cuento bueno y tierno? Hacía doce años, 
cuando él no era más que un pintor po 
bre e ignorado, despreciado por los supe 
riores, insultado por los incapaces e igno- 
norantes, empeñados en hacer rédame a los 
que nada merecen, más de una vez había 
perdido sus energías en la lucha por la 
vida y maldecido el momento en que por 
por primera vez tomó el pincel. En esta 
época difícil y terrible se encontró con Li 
dia. Era ella mucho más joven que él, an 
gelicalmente bella y rodeada de galantea 
dores aristocráticos. El, pobre pintor con 
su figura poco agradable, enfermizo y pá 
lido, ni siquiera remotamente había soñado 
con el amor de esa mujer hechicera. 
V sin embargo fué ella la que compren 
dió su talento y f e tendió su mano amo- 
i osa. ( liando abatido por la pobreza y el 
desconsuelo, perdiendo la fe y la esperanza 
desfallecía por completo, ella sabía darle 
ánimo con sus dulces caricias, con sus tier 
nos cuidados y con alusiones alegres al 
poi venir. ^ el amor venció a todos los 
obstáculos y allanó el camino... Gracias a 
ello el nombre de Jolcbewnicow hoy era 
conocido y admirado en el mundo entero y 
sus cuadros adornaban las galerias de las 
personas más ilustres. Era el único de los 
académicos a quien adoraba sin reparo la 
voluble falanje de jóvenes artistas. En 
cuanto al éxito material, había sido muy 
placentero. Tanto él como su amorosa com 
pañera Lidia velan recompensado y con cre 
ces sus muchos años de privaciones terri 
bles. 
En aquellos años de miserias, ni siquiera 
había presentido esta existencia encantado 
ra en que vivía, envuelta por las sonrisas 
y las canciones de la bolla esposa y por el 
amor del pequeño Kotik. Tampoco hubiera 
podido presentir esta amable jovialidad fa 
miliar a laque su amistad con Bajanin, daba 
un tono de armoniosa espiritualidad. 
El argumento del cuento estaba ya for 
mado. 
—Pues bien, escucha mi Kotik—empezó 
Jolchewnicow acariciando la rizada cabelle 
ra de su hijo.—Atiende bien y no me inte 
rrumpas. 
Erase un rey y una reina que vivían en 
una comarca lejana.. . 
—¿Y no tenían hijos?—interrumpió Ko 
tik. 
—Sí, Kotik; ellos tenían hijos, pero no 
me interrumpas. Tenían muchos hijos, tan 
tos que al repartir el rey sus riquezas en. 
tre ellos no alcanzó uada al menor de los 
hermanos. No le alcanzó ni una media do 
cena de esclavos, ni siquiera alguna de las 
caballerizas célebres que poseía aquel rey. 
Cuando el viejo monarca sintió llegar la 
muerte, hizo llamar a sus hijos y les habló 
de esta manera: 
«Queridos hijos; las fuerzas me abando 
nan, pronto moriré y por eso quiero elegir 
antes un sucesor entre vosotros. Pero quie 
ro que sea el más digno y meritorio. Vos 
otros sabéis, que allá en la frontera de mi 
reino, existe un bosque espeso, muy espeso. 
En el corazón de ese bosque hay un pala 
cio de mármol blanco. Penetrar en ese pa 
lacio es muy difícil. Muchos intentaron, fie 
ro no han vuelto más. Algunos fueron 
devorados por las fieras, otros han muerto 
envenenados por las picaduras ponzoñosas 
de las serpientes y los demás que lograron 
volver, padecieron de locura por haber sido 
acariciados por las ninfas.
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.