Full text: 2.1922=Nr. 2 (1922000202)

PROTEO 
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su hijo se lo explicó, le dijo: «Tu tío debió pensar en ese ins 
tante: ¿ qué le dijo la nube al campanario?» 
Por la noche, en: una tregua del insomnio, con notas de 
sobresaltos y acordes de sensaciones, una pesadla amarga 
ensayaba en mis nervios un extraño motivo... 
No venía en mi auxilio el menor contraste. 
Un hálito frío, aliento de no sé de qué fauces, envolvía 
mi cuerpo en un sudario tangible. 
Algo así cual una garra de monstruo exprimía mi cere 
bro v mi corazón, todo tembloroso, recibía un torrente de 
Ideas, que se sobrepujaban en horror, acaso obsecadas en un 
torneo excéntrico y macabro, que tuviera por circo la autne- 
sis del sentimiento... 
Ahogábame, también, algo cual una piedra enorme, gra 
nítica esfinge firme sobre mi pecho, como si a un, conjuro de 
furias esquilianas se le hubiera antojado un pedestal de mar 
tirio ! 
Soñaba que mi amor era la torre y la cruz que la corona, 
símbolo de la fe en mi ideal. De pronto, una nube rosada y 
casi transparente, se acercó, y, abrazándose a eda, a traves .t c 
un soplo diabólico le dijo: «Ya no te quiero». 
Si un gigante me hubiera sacudido, ño habría desper 
tado tan trémulo. 
Abrí los ojos extraordinariamente, y con avidez de mie 
do, busqué rudos fantasmas que sospechaba agazapados en k 
sombra .. Mas, parecía que mis pupilas, en íntimo conciliá 
bulo, se hubieran prometido a la Muerte, consiguiendo, en 
cambio, familiarizarse con la obscuridad; vale decir, tener 
un secreto del diablo y un anticipo de la tumba. Y a. apenas 
despierto los creí a la estancia un sepulcro y a mi lecho un 
ataúd, al instante descubrí en mi visión de asombro, solo una 
penumbra, en la que vibraba el eco de un nombie...
	        
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