Full text: 1.1897,17.Okt.=Nr. 16 (1897000116)

VIDA MONTEVIDEANA 
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España anís los s!¡ 
XjtB'SCEaro.A. 
-=*§*=- 
( Continuación ) 
—i Por qué has dado libre acceso en tus 
dominios al poderoso ejército romano que 
acaba de desembarcar en Ampurias al man 
do de Cneo Escipión? 
— Para que roe ayude á vengar la cruel 
dad y mala fé púnicas. Para realizar esta as 
piración mía, prestaré á las cohortes roma 
nas el apovoide ciento veinte ciudades de la 
Lacetama, con cuyo contingente ganará 
aquel caudillo la primera batalla de la se 
gunda guerra púnica en los campos de Gui- 
sona, que tan desastrosa habrá de ser para 
Cartago. 
— ¿Pero no aciertas á ver que los romanos 
no vienen á lavar tus afrentas, sino' á vengar 
antiguos odios, eligiendo por campos de ba 
talla tus iértiles valles y poéticas florestas? 
En premio de tu desinteresada cooperación 
y noble hospitalidad, te verás saqueada y 
uncida al carro triunfal de los lácios. 
— ¡ Siempre habré de ser víctima del en 
gaño y de la traición alevosa! Más los trai 
dores, hallarán en su pecado la penitencia. 
En este momento histórico concito á mi 
pueblo para que forme una agrupación com 
pacta, numerosa é invencible, á que daré el 
nombre de ejército español, destinado á pe 
lear perpétuamente á la sombra del orifla 
ma, que llevará escritos los más augustos 
ideales, simbolizados en estas mágicas pala 
bras: / Pátria, independencia y civilización! 
Al frentede mi ejército pondré caudillos tan 
bravos y preclaros como Inctibil, Mandonio, 
Budaris, Busidades, Salóndico, Cesaron, 
Púnico, Caro, y Viriato, que vencerán en 
mil encuentros á las legiones romanas, cu 
yos generales verán marchitar sus lauros por 
el cierzo de vergonzosas derrotas en los 
campos de Numancia. 
Esta ciudad, llamada en pleno Senado te 
rror de Roma, resistirá ’alerosamente un 
sitio de catorceañosy rechazará las más brus 
cas arremetidas de sus enemigos. No impor 
ta que vaya sobre ella el héroe de Zama, 
Escipión el Africano, con sesenta mil com 
batientes; pues á la vista de los cuatro mil 
gigantes que la defienden, sentirá extreme- 
cerse, se le caerá de la mano la espada ven 
cedora y se despojará del dictado de grande 
que orla sus sienes para cubrirse con el mi 
serable manto de los cobardes. 
Convencido de su impotencia para rendir 
aquel puñado de valientes, que no tienen 
otras murallas que su pecho, otro escudo 
que su coraje y otras armas que el fuego de 
su mirada, apela para rendirlos.á dos inde 
fectibles recursos: el tiempo y el hambre. 
Rodea de profundos fosos la infortunada 
ciudad, oculta detras de formidables trin 
cheras la cobardía de sus sesenta mil solda 
dos, se hace sordo á los retos de batalla en 
campo abierto que reiteradamente le diiigen 
los sitiados, se resiste á combatir uno contra 
quince y espera que la crueldad del tiempo y 
y la carencia absoluta de vituallas acaben poi 
concederle el triunfo. 
— ¿Pero será en vano? 
— ¡Sí lo será! Perdida toda esperanza de 
socorro, aourados todos los medios de ali 
mentación, diezmados por la más impía de 
las necesidades é inflamados por el más le 
gítimo de los amores, juran mis fieros nu- 
mantinos realizar un holocausto que ha de 
causar horror y asombro á todos los pueblos 
del mundo. Lánzanse como unrayo sobre las 
líneas enemigas, pelean desesperadamente 
avanzando para abrirse paso, siembran por 
doquier el terror y el estrago y sucumben 
uno tras otro á impulsos de los obstáculos y 
del número. 
Los padres, esposas 'é hijos de estos atle 
tas, inspirados en su ejemplo, corren á po 
ner fuego á los cuatro ángulos de la ciudad, 
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Vista interior da la Estación, tomada en dirección al Restaurant (De nna foto grafía de I illiat 
acumulan sus tesoros, muebles y combusti 
bles en la plaza pública, prenden una in 
mensa hoguera y, al compás del enfusiasto 
y terrible himno patrio, entonado con el 
acento de la desesperación, se arrojan á las 
llamas sin excepción de uno solo á fin de 
que ningún numantino pueda referir tanta 
desdicha ni cantar tanto heroísmo. 
Y aquí, Señor, permíteme que derrame 
lágrimas de ternura y dé suelta á mi que 
branto. 
—Es muy justo lo que me pides; que el 
llanto es el lenguage de la amargura, el de 
licado aroma que exhalan los nobles cora 
zones y la válvula de seguridad para evitar 
la explosión de los pechos dilatados por la 
intensidad de los sentimientos más vivos. 
—Sin embargo, mi honda pena se mitiga 
por el orgullo que siento al contemplar que 
Escipión, el vencedor de Aníbal, no ha po 
dido conquistar á mi idolatrada Numancia, 
habiéndose reducido á desempeñar el triste 
papel de causar su desventura y ser testigo 
de su gloria. 
Este sublime sacrificio por la pátria, acae 
cido el 2 de Mayo del año 133 antes de la 
era vulgar, resonará eternamente en las in 
mensidades del tiempo y del espacio. Los 
siglos que pasaron se levantan de sus tum 
bas para rendirle un aplauso ; los venideros 
se descubren respetuosos ante sus ruinas; 
las Musas acuerdan retirar su divina inspi 
ración á los vates y artistas que no le con 
sagren sus concepciones más bellas; el tem 
plo de la inmorta’idad le abre sus puertas 
de par en par; la Historia se enorgullece al 
escribir en brillantes páginas tan elevados 
arranques, y los mismos dioses olímpicos se 
engalanancon süs más ricas preseas al decre 
tar su apoteosis para eternizar su memori,at 
—Comprendola natural fruición que exp¡ - 
rímenlas al relatar los prefulgentes hechos 
que caracterizan á tu pueblo; pero desearía 
que te limitaras á narrar unicamente los 
puntos más culminantes de tu porvenir his 
tórico. 
—Voyá complacerte,generosojehová; pei- 
mi eme, no obstante, el relato de otro episo 
dio deque serán teatro las empinadas mon ti 
ñas y vericuetos impracticables de la Cantá- 
bria. , 
Roma brindará á los míos el olivo de Ja 
paz y el beso de la amistad, que aceptaián 
cándidamente la generalidad de las provin 
cias de mis estados. Sólo los cántabros y as- 
tures no se dejarán engañar con fementidas, 
promesas y resolverán combatir hasta la 
muerte. Octavio en persona, acompañado de 
Agripa, vendrá á hostigarlos, á cuyo efecto 
ocupará militarmente aquellas accidentadas 
regiones á fin de debilitarlas; pero sus habi 
tantes hacen prodigios de valor, disputan el 
terreno palmo á palmo, se retiran por las 
breñas peleando como leones, las mismas 
mujeres se lanzan sobre las filas enemigas y 
cuando se ven acorraladas y perdidas sacu 
den contra las peñas las cabezas de sus hijos, 
que arrojan cadáveres contra los legiona 
rios, los cuales retrdteden horrorizados al 
ver que las madres prefieren la muerte de 
Jos pedazos de sus entrañas antes de qüe se 
les estigmatice la frente y se ponga en su 
cuello la argolla de la esclavitud. 
Octavio, aleccionado por experiencia y 
testigo ocular de la inflexible bravura de los 
míos, procura atraérselos y jura tratarlos al 
igual que á los lácios. Regresa á Roma car- 
gado de laureles, donde recíbela investidura 
de Emperador, Augusto y Pontífice Supre 
mo que le concede el Senado y en él muere 
la república y nace el imperio. 
Este emperador cumplirá exactamente sus 
ofrecimientos álos españoles, sancionando 
la división territorial de mi señorío con arre 
glo á su corografía y orografía, mejorando 
el sistema de comunaciones, dotándolo de 
termas, circos, arcos, acueductos y puentes, 
é introduciendo paulatinamente las leyes, 
costumbres y lengua de los romanos, de cu 
yos beneficios guardaré, impecederos recuer 
dos. 
Yo retribuiré á los de Roma con mi pro 
verbial munificencia, para lo cual no querré 
tener presente sus ofensas, sus traiciones y 
i sus agravios. A cambio de haber echado 
1 los cimientos de Zaragoza, \ alencia, Itálica,
	        
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