EL OMBU 7 En su seno—mármol turbio, — Prende rosas del suburbio Y margaritas del pago; Y es su beldad, himno vago Del misterio en la pradera, Flor de rancho, enredadera Que abre al beso matinal Como ensueño de arrabal, Sus flores de primavera. VII Para ella fué el perfumado Ramillete de poesías Que hicieron Echevarría, Con del Campo y Obligado; Alma bella del pasado, Simbolismo nacional. Será en el futuro ideal, Larva, oruga y mariposa De la grande y misteriosa Metamóríosis social. IX Ella es la luz, la poesía, Con su ternura salvaje. Sin ficción y sin ambaje, Sin cálculo ni falsía; La ignota melancolía De los desiertos lejanos La que juntando las manos, Reza en las noches tranquilas, La que lleva en las pupilas La nostalgia de los llanos. Xx Ella vibra en el concierto De la pampa indefinida. Como caricia dormida En el alma del desierto... Ella palpita en lo muerto, Como luz de más allá... ¡Perfil grabado que está, Y la tradición mantiene, Entre la raza que viene Y la raza que se vá! ) FA. RW Pablo J.Vasquez y (Q. E. P. D.) Ha muerto para la vieja generación no para la moderna, la que entusiasta se levanta predominada de sentimien— tos fieles, que serán depositados en su desolada tumba fría, como valuarte de aprecio y de cariño que es la recom-. pensa más pura que el mérito en vida supo adquirir. Pobre Vasquez! has caído envuelto a en el manto del olvido, pero ¡no! algu- , nos de tus amigos y admiradores de tus virtudes, os recuendan de cuando en cuando con un sentimiento tal que llega hasta hacer vertir lágrimas y á dedicaros humildes endechas como la presente, la que aunque no vaya sal- picada de sapiencia, va envuelta con el cariño más grande que pudo ofrece- ros vuestras amistades en vida. | ¡Oh Vasquez! con cuarta tristeza se cubre mi corazón, solamente al recor- dar que yaces' allá... en lejano cemen- terio de Lomas de Zamora, durmiendo Cda el eterno sueño de tus virtudes como 3 el apóstol gersiador incansable de nu- estra gloriosa Patria que cayó en el campo de batalla martir del deber y de la causa santa hereditaria de nues- tros bendecidos padres Belgrano y San Martín. : Pro Vasquez bien os podríais paran- gonar con estos héroes por vuestro a- mor patriarcal y por vuestras prendas morales que os hacían el bien venido para los pueblos civilizados donde se cultivan las letras de los hombres sa-— bios y pensadores. ¡Sí, Vasquez! fuiste sin falsía en vida a