. —i Vaya un cigarro! ¡Sino quema el Juego!... —ilLos dijuntos son tríos! ¡Estaría gueno que tuvieran juego caliente! ¿Que- Ina el otro, acaso, el de las ánimas en pe- nar... Hubo una pausa. S Entre amedrentado y risueño, don Brau- dio agregó en seguida: —iLindo no más! ¿Entonces, los dijun- tos se entretienen? —i Y qué ha di hacer!... ¡Tienen tanto I tiempo desocupau ! Ellos quisieran hacer lo mesmo que cuand'eran vivos, y correr, y boliar, y enlazar... Pero á veces no pue- den porque tienen los giiesos en la tierra... ero saben venirse, p'a un si acaso... ¡Va- mos á ver! ¿A que ninguno dice por qué Sabe hacer tanto frío p'al veinticinco'e ma- YO y p'al nueve de julio? —No mi hago cargo, — murmuró don Marto. —Yo no sé—confesó otro. —No caigo en cuenta, — declaró don Taulio. ancho, triunfante, explicó: Tos Orque p'a las fiestas se vienen tuitos + Que peliaron por la patria, sin que fal- " M1 los mesmos muertos en los Andes, Que son unas montañas altas así, de pu- Tito yelo!.... Y como son tantos: ... Por “So, en cuantito tocan |'Hino Nacional, es un frío que dá calor y que le corre á uno Por el lomo. a. AR, balaquiador lindo! — gritó don Tarto, no sin admiración reprimida. Y luego; alentador como un premio* en labios de tal Paisano, agregó: RV diga, “don... Cqué se hace Pant- Ma delas mozas, cuando se mierem: toda- Via tiernecitas? -a réplica inmediata de Pancho: eE ué viejo, este don Marto!... ¿Y - a visto, un si/acaso, los macachines, “omo d: 6 campo oro, florecer, que es gusto por el igualies “y todos con una frutita enterrada, —., 4 UN corazón, y como azúcar?... ¡Agarrate!... ¿Y las viejas? Tos CO de gallo, que se prienden en cuanti “ O se agarran á las barrancas. Y vo. .. guenas jueron en vida el giie- han As grande y más sabroso, y cuando tenido 11 - s z todavía |. hijos y los han querido. -. más Bray; Y irritabilidad de enfermo, 4 don Ulio se le ocurrió lanzarle un sarcasmo 1S11 , . a. Nulado, sólo manifiesto por el “strado y cantor: con cierto matiz respetuoso, tonito EL PICAFLOR NACIONAL E — Y los payadores, decime... Pancho contrajo con esfuerzo los múscu- los de la cara, sintió en la garganta una especie de nudo, pero logró contestar, co- mo si alguien le dictara las palabras: —kLos payadores de láy, los payadores de veras, no mueren nunca, paisano, ni son ánimas en pena... ¡Siguen cantando no más, lo mesmo que Santos Vega!... Re Eran versos, inconscientemente medidos, y los lanzó con ritmo marcado y sentimen- tal. A los otros les llegaron al alma. Hubo un silencio prolongado y lleno de sensacio- hes... Luego, uno á uno, fueron desgra- nándose los paisanos, saturados por la poe- sia total de la noche. El último que se le- vantó para ir al galpón en que tenía la ca- ma, enervado por su mismo desgaste ce+ rebral, fué Pancho. Y al pasar junto á la puerta, ya tene- brosa, de la cocina, en medio de la en- volvente y acariciadora sombra, sintió de pronto un hálito más intenso, más tibio, más húmedo que en la noche, y una vo- cecita que murmuraba junto á su oído: ¡Pancho! ¿Quién te enseña esas cosas tan lindas? Y él, azorado un instante, trémulo y atre- vido luego, como un héroe que es todavía un recluta, abrazó con ímpetu á Petrona o y dijo: ; —¡ Vos !—y le besó en la boca. — EA DE PAGINITA Para Julia Dora. ¿Y si me equivocara? Va A veces leyendo sus Croniquillas... creo hallarme ante usted, ante una joven nada romántica, triste, estudiosa y pensativa... una de esas tantas vidas que viven sin sa- ber por qué... Y pienso: ¿Y si me equi- vocara? Á veces... cuando leo tales latigazos en rostros que sólo se miran en espejos soñan- do en sus años... en esos dedos acaricia- dores de pequeños bibelots y en ojos de ensueño... francamente: ted. Desaparece arte 1ní la niña frágil... el lirio que vive... para hallarme frente 4 una cara que rie... y es entonces cuando pienso: ¿y si me esuvocara? Violeta. No creo en us- -