dede TT o su tres años, durante los cuales visitó tres veces á su pa- dre, acompañada de las amigas de la ciudad que se em- peñaban en presentarla como seres extraordinarios y dignícimos de su mano á la mayor narte de aquellos” que se sentían crñamorados de su fortuna y que nunca consicLieron más que su desdén. Si ideal tenía giba, co- lor de aceituna, ojos verdosos, profundos maligiros, sen- sual-s. Y cn un alba tibia, en que el lucero brillaba con rojiza claridad la hermosa china Nazaria burló" á los lindos mozos pálidos de la ciudad montando en ancas de un todillo que devoraba el espacio mientras ella se estrechaba al cuerpo deforme del amado, Cuentan “orde cntences les paisarcs del paro que en los ojos de Policarpo brillaba el disbólio espíritu de la brujería. BERNARDO A. PERRO. Al Pampero ¡Salve! pampero viento Ya que pasas soplando proceloso Cual génio incognoscible que, amoroso Serpea moduls ndo en triste acento Su letal sufrimiento. Escucha . ... no prosigas ¡Oh, detente! Que yo para cantarte alzo la frente. ¿A donde vas tan de ca (rrera Con el vuelo del ave mensagera Al cruzar el espacio siempre abierto ¿Vas talvez en las ondas del Oceano A dejar el aroma soberano De las flores incultas del desierio, O llevas fecundante, De una palmera el pólen á su amante? ¡Detente!... ¡Oh! talvez allá vas... En tu ansia loca, ros. como el bridón que se desboca; Una velocidad llena de empuje, Y quien las iras de la mar provoca Cuando en su lecho se revuelca y ruje. Yosé que desataste allá... en las pampas Tus alas prepotentes; Porque, doquier un ósculo tú estampas, Quedan allí presente Aromas de romero, Azahar y violeta, Flores que, para Vega el bardo errante, Fueron; en su existencia transitoria, Los que simbolizaron del poeta “La perdurable gloria. Parece que, en tu rítmico lenguaje Murmúrame el idilio Del amor tropical, aunque salvaje De aquel gaucho con alma de Virgilio, Prosiguiendo tu viaje. Que me hablas con ternura De su dulce vihuela que hoy no vibra Sus cantares de triunfo enla llanura, Progorera genial de sus hazañas, Que conmovió sus fibras Cual conmueve el bramido que se San e En el seno febril de las montañas Que componen el Ande. Y me parece que tu voz me cuenta Que ya el rancho que otrora le dió techo, Ha cedido al fragor de la tormenta; Que ha caido deshecho A su potente embate Como cae el soldado, abierto el pecho, En el campo horroroso del combate. ¡Mansión donde aquel genio, En sus noches de amor y poesía, Soñó acaco encontrarse en el pr oscenio De la gloria. y que un ángel le ceñía A la sien la ccrona” de laureles Que el trovador alcanza, Los vanos oropeles, Verdes como la luz de la esperanza! ¡Allá vas... allá vas, raudo pampero, Sin que nadie á tu paso ponga valla, Barriendo la hojarasc:1 del sencdero Cual el campo de guerra la metralla Que todo la destroza y avasalla! El ave te saluda, Haciendo de armonías un derroche Bajo ta majestad del cielo muda; Y mi canto trás tí, sin dejar huella, Vá como trás las sombras de la noche La refulgente estrella. Si á tu paso refrescas mi memoria Que en torpe confusión, sola, se pierde, Déjame que. al cantarte aquí, recuerde De esta tierra querida tanta glcría ¡Oh! génio, rey del llano, Al grande San Martín y al gran Belgrano Que son el alma de la patria historia Tú, que llevaste del clarin el éco A que repercutiese en lo infinito, Y que de libertad llevaste el grito De las voces del Rio de la Pl.ta, Da fuerza á mis pulmones Par 1 que así, con voz de catarata, Lanceal mundo-este grito de contento: ¡Salve! patria de glorias ... A:g¿ntinal Y te diga, como antes: ¡Salve: oh viento! M. M. MENDEZ —