% D * 2 ¿QUE IDEA TENIAN DE EL LOS ANTIGUOS MEXICANOS? o es común sentir de los historiadores y de los cronistas el que los in ­ dios nahoas hayan te ­ nido una idea de Dios concibiéndolo como un ser espiritual, sino que, como politeístas que fueron, consideraban á todos sus dioses como seres superiores materiales. Nosotros creemos firmemente que los antiguos indios, sobre todo los nahoas, concibieron á Dios como un ser espiri ­ tual. Para llegar á esta conclusión expon ­ dremos antes algunas lucubraciones fi ­ lológicas, por ser ellas las que dan ma ­ yor fuerza á nuestra proposición. Teotl, tal era el nombre de Dios en el idioma náhuatl. Te es un pronombre que se refiere exclusivamente á las per ­ sonas, á diferencia de tía, que se refiere á las cosas; así los verbos transitivos van siempre precedidos del prefijo te ó tla\ tecua, comer á alguno; tlacna, comer algo, alguna cosa; ahora bien, otles una desinencia con la que se forman subs ­ tantivos abstractos, que tienen la signi ­ ficación del nombre á que se junta; así de tatli, padre, se forma tayotl, paterni ­ dad; de tlilli, tinta negra, se forma tli- llotl, negrura; de teofixqui, sacerdote, sale teopixcayotl, sacerdocio; del mismo modo, de te, persona, se forma teotl, personalidad, dios porque dioses la per ­ sona por excelencia. ¿Y todavía se di ­ rá que los nahoas no tenían idea abs ­ tracta de Dios? Remi Simeón dice que Teotl se deriva de teuctli. Esto es inadmisible. (Véase el artículo Teoteuc- tli en mi Diccionario de “Mitología Nahoa” donde se explica la etimología de teuctli que no es más que la transpo ­ sición ó metátesis de tecutli.) Dios es el Teuctli 6 Tecutli por excelencia con re ­ lación á los hombres; pero en sí, inde ­ pendientemente de aquéllos, es la per ­ sona abstracta, la plenitud de la perso ­ nalidad: Teotl Dios, diosa. Plural Teteo dioses, diosas. El P. Acosta—dice Clavijero—se ma ­ ravilla de que teniendo idea los mexica ­ nos de la existencia de un ser Supremo, Creador del cielo y de la tierra, carez ­ can de una voz correspondiente al Dios de los españoles, al Deus de los latinos, al Theos de los griegos, al El de los he ­ breos, al Alah de los árabes; por lo que los predicadores se han visto obligados á servirse del nombre español. Pero si este autor hubiese tenido alguna idea de la lengua mexicana, hubiera sabido que lo mismo significa el Teotl de aquel idio ­ ma, que el Theos de los griegos, y que la razón que tuvieron los predicadores para servirse de la voz Dios, no fué otra que su excesivo escrúpulo, pues así como