FRAY VERDADES Art. 35. Todos aquellos fallos ó resoluciones, que dictaren los juzga ­ dos de primera instancia de confor ­ midad con la presente ley, serán de ­ finitivos é inapelables. Art. 36. Nada de lo contenido en la presente ley se entenderá que im ­ pide, menoscaba ó restringe el libre ejercicio y goce de la profesión re ­ ligiosa y del culto de la religión ca ­ tólica, apostólica y romana, cuyo li ­ bre ejercicio, al igual que el de las demás religiones,, queda por la pre ­ sente mantenido para siempre, de acuerdo con las disposiciones del ar ­ tículo 5o. de la ley del Congreso de lo. de Julio de 1902, conocida por ‘'la ley de Filipinas”. Con una lev así, aplicada á la Ar ­ gentina, se resolvería más de un pro ­ blema económico, de interés común. Sin embargo, les, diríamos á los se ­ ñores americanos, mucho ojo porque ■ puede ser el remedio peor que la en ­ fermedad. ¡Pobres filipinos! ya pueden pre ­ parar el bolsillo. Nos parece estar ya viendo al frailecito confesor de las aristocráticas damas filipinas ir de puerta en puerta ó mejor dicho, de salón en salón con esta embaja ­ da: “Necesitamos dos mil pesos para que puedan desembarcar cuatro Padres que vienen de camino” ó bien esta otra: “Vengo á despedir ­ me porque no puede la santa comu ­ nidad pagar los mil pesos anuales que me corresponden”. Nos sabemos de memoria á la gen ­ te de cogulla y de sotana. La consecuencia de esto será que cuando" cada fraile pague su cuota de entrada en el territorio filipino ó su contribución anual, no • será sin ■ que haya embolsado por lo menos do ­ ble. Sin contar con el recargo que se establecerá en los aranceles que regu ­ lan el precio de bendiciones, sacra ­ mentos, indulgencias, ■ etc. ¡Pobres filipinos! Más aún. ¿Quiere un ingreso ex ­ traordinario la comunidad? El pro ­ blema queda resuelto por medio de la . ley anterior. Una orden de em ­ barqúe al fraile más querido y mi ­ mado; una suscripción luego para que vuelva y. .. al buen entendedor con media palabra basta. Cuando decimos que nos sabemos de memoria á esos frailecitos de Dios ! ¡,¡ Pobres filipinos!! Sermón de “Fray Verdades” (Primer domingo de adviento) Amados hermanos mios: No creáis á los que dicen que todo lo que nos ­ otros predicamos son macanas. No lo son, y si nó decidme: ¿Son maca ­ nas las catedrales, basílicas, capillas que tanto oro costaron al pueblo? ¿Son macanas los millones de pesos que se llevan gastados en la basílica de Lujan? ¿Es una macana la casa que le hemos regalado al nuncio ? Hoy la iglesia católica eonmemo- Cuanta leche ! rFl ft, di í m aiiiiá sima p. i f fff Ln:: ú-.-rl !! "mi TÂ m i a i ■ ni l x. » ¡■■i: m —¿Tardaremos mucho en llegar al Cielo, Reverendo? — ¡Eh! Qui lo sa? —Es que... como ya estamos en la vía láctea. ra el día terrible del juicio y la mi ­ tad de los predicadores no tienen pizca de juicio cuando hablan de ello. Os dicen hermanitas mías, que no pequeis porque vuestro pecado se va á saber en el día del juicio y os va á dar mucha vergüenza; pero si lo coutais á ellos solitos, sin dejar en el tintero ningún detalle, y mien- r" o. tras más sabrosos mejor, entonces ya no se sabrá nada en el día del juicio. La última vez que yo confesé á uno que quería casarse por la iglesia le pregunté: —¿Crees hijo mío en que Jesucris ­ to vendrá á juzgar á los vivos y á los muertos? Y me contestó: —Si Padre, lo creo, pero verá us ­ ted como no viene. Ese era un hereje. Oídme, hijas mías, Jesús vendrá á juzgar á los vivos y á los .muertos, pero los vivos dicen que si para tan largo se lo fian venga otra copa; y los muertos que ahí se las den todas. De cualquier modo nada se dico de las vivas; y las vivas sois vos Jras, hermanitas mías, y nosotros lo vivos. Améu. Agencia Matrimonia! (Especial para frailes arrepentidos) Desde que se ha casado nuestro director, hemos recibido la visita de muchos de sus ex-colegas que desean tomar informes del resultado de su matrimonio. Nuestro director es tan feliz en .su nuevo estado, que ha resuelto esta ­ blecer una agencia destinada á bus ­ carles novia á todos los curas, frailes y sacristanes que quieran seguir su ejemplo. Comisión y avisos gratis Las señoritas que no tengan incon ­ veniente en apechugar con un fraile, pueden .manifestarlo por carta, y en ­ viar su retrato. ¡ TODAS SE CASAN! ¡ RESERVA E HIGIENE! ¡BAUTIZOS GRATIS! UNA DENUNCIA Llamamos la atención del obispa ­ do sobre la contradicción que resul ­ ta entre las picardías que la “Voz de la Iglesia.” y “El Pueblo” dicen to ­ dos los días contra los masones; y los sermones del Padre Becco. ¡ Que modifiquen sus apreciaciones los órganos, ó que abuse menos el Padrecito de San Martin y Belgrano. Porque es el caso que en cuanto el ilustre orador sagrado de referen ­ cia se encuentra atajado de razones, se pone, á cantarles un himno patrió ­ tico, sin duda porque ignora que uno y otro fueron dos glorias de la ma ­ sonería. No tenemos confianza en la en ­ mienda. Al Padre Becco le vá muy bien en el machito y me recuerda á aquel otro predicador á quien un amigo suyo le hizo un sermón sobre la confesión : En él comparaba al al ­ ma del pecador como una barquilla perdida y al'confesor con el piloto llamado á dirigirla hasta llevarla al puerto. Al poco tiempo el autor del dis ­ curso recibía de su .amigo la siguien ­ te carta : “Querido amigo : En su ser ­ món tengo una joya. En cnanto me pierdo, aunque predique de,San Qa- .•aiamp'io, me meto en la barquilla que me regalaste; y el alma podrá ser que rio llegue al puerto pero yo. sí. ” Siga, Padre Becco, sigadándoles incienso á San Martín, á Belgrano, á Sarmiento, etc., etc,; pero que conste que todos ellos fueron masones. Chismes y Cuentos J* Palabras textuales cíe un predica ­ dor del siglo XV: “¿Me preguntáis hermanos carísi ­ mos, como se va al cielo? Las campa ­ nas del monasterio os lo enseñan con su sonido: Dan-do, dan-do, dan-do. ÍV\ KS El papa Benedictino XIV mien ­ tras se preparaba para dar la ben ­ dición al numeroso pueblo que lle ­ naba las naves de San Juan de Le- trán, preguntó á un cardenal que es ­ taba á su lado. —¿Cómo vive toda esta gente? A lo que respondió el cardenal: —Engañándose los unos á los otros, Santidad. -Y nosotros, los engañamos á to ­ dos, dijo el Papa sonriéndose. Esta vez al menos el Papa fué in ­ falible. En el correo: El empleado — Esta carta pesa mucho. Necesita ponerle otra escaro- pilla. El cliente — Entonces va á pesar más. —¿ En qué se parece un obispo a un veterinario? —En que uno y otro están facul ­ tados para hacer curas de animales- AV*v