256 Crónica tronco patriarcal, hoy inerte; el sol despedía sus últimos reflejos al tras ­ poner el horizonte; el cielo era de oro y grana, gualda y zafir; la noche venía sacudiendo los polvos meláni- cos de su manto centenario sobre las copas de los seibos, las palmeras y los árboles de la serranía evanescen ­ te, cuando ella muy junto a mí, calimasta, sedeña y seductora como el pecado, sus mejillas como el cre ­ púsculo de los trópicos, coloreadas de yerbamate y rosas, entre los vaivenes de ía hamaca, me dijo...me dijo el hierático monosílabo afirmativo: Sf, yo también te amol Y de ello no queda ya ni memoria de lo que fue... * * * Breve y búhente, como en otros tiempos, ya no me'bañaré en las aguas del arroyo de cristal, que airo ­ so desciende por entre las guijas de la montaña; en los días estivos, cuando me levante con • el sol, ya no me placerá la vista el rocío matinal y los ñandutíes irisdescentes y policro ­ mas, temblando en las cortaderas y espadañas, y el campo cubierto con alfombra de esmeralda y diamante; ni en las mañanas aromadas, como en los remotos felices días de otrora ya gustaré la leche blanca y tibia, que reída y fraganciosa me alcanza una de esas frescas y gráciles aldea ­ nas de mis lares... * * * Tr« li II t»n I >1 »I i i«m í«>< I ■ 1111 n < «TilTiTTI i > j I ■ n ii 111 »fnV jTi - ' ■' t r»7|íi ,j n 1 ¿ 11. ■ n n m i i nn. I ifT ffi (Yópica Mundial i i i ii i I : i l l i i i • l i l i i l l l I l i i i H i i i i i I ■ i I I ■ ■ l i I ■ I' La guerra «le los Bnlknnes Los gobiernos servio y griego acu ­ san al ejército búlgaro, su aliado de ayer, de atrocidades apenas creíbles; Y preciso es creerlas, pues han sido confirmadas por los corresponsales de los diarios extranjeros y aún hasta por los mismos cónsules. Adiós, bohío mío, tú que abrigaste por luengos años a mis padres, que presenciaste sus quimeras y espe ­ ranzas, sus satisfacciones y desven ­ turas. sus aprietos y holganzas, ;su vida!, adiós. Era la hora del ángelus, hora fe ­ cunda en prodigios extraños y demi- úrgicos, según la ingénua y arcaica mitología guaranítica; la esquila de la aldea con raro timbre argentino tañía el toque de la oración; la luna, mi eterna novia neurasténica, surgía pálida como un ensueño opilado de hatchich; el urutaú filodirto, lamen taba en unítona, prolongada y ululan ­ te queja la desaparición de su amante blondo y efebo, el sol; era la hora demiúrgica, penumbrosa y fantástica de la ingénua y arcaica mitología guaranítica, la hora en que los infor ­ mes, nebulosos y blancos duendes salen a discurrir o se acurrucan en ia vera de los caminos cuando yo, impulsado por un sino implacable y fatal, dejé, quizás para siempre, mi plácido bohío nativo, de gratas re ­ membranzas y afecciones intensas. Y como sombra de una sómbrame esfumé entre las brumas de la no ­ che. .. * * * Mnesis de ¿tros tiempos, cuánto me hacéis sufrir!... E. Av. LUGO TriTi:i,i'íirmii“i7iTriíiTrTiíS7rrirMririi7rrí''ri:.iit l iiii»iiii!iiiiiiiiiTriTi l iiiiiiii|i»i»T El ejército búlgaro ha profanado por todas partes donde ha pasado, las iglesias, han saqueado, robado e in ­ cendiado las villas y ciudades. En una población redujo a cenizas ciento setenta casas de israelitas, la escuela, la sinagoga, el mercado, dejando a ocho mil desgraciados sin pan y sin abrigo Al evacuar otra, los búlgaros colgaron al obispo y su secretario, al dragomán del consulado helénico y a veintinueve notables: en una