Crónica 303 fl LA RAWUI^ALEZA A José Enrique Rodó, el más ilustre critico de América. Mi soledad antigua tu soledad arguye en eternos ocasos y en eternas auroras; y, augusta, impenetrable, en tus fuerzas creadoras de tu hija Muerte al golpe radiante vida Huye. Tú forjas y masacras cuanto tu bien construye, y alientan y fecundan tus magas destructoras. Bajo tu velo eterno y el curso de las horas muere si nace todo, nace si se destruye. Hijo de Dios, y Dios, tu imperio soberano, la colosal leyenda de lo hondo y lo infinito, ¿qué luz abrió en tus sombras sus luces y tu arcano? Dígamelo en su música tu sol del planisferio, o el abismo, o la cumbre sonora de granito: ¿tú misma, noble madre, conoces tu misterio? Todo en tí llora y ríe, lo increado y lo que creas. Tu amor que se divierte es pena que quebranta, j r tu dolor que gime es tu placer que canta de tus luces y sombras en las ataraceas. Ante virtud y gloria y oprobio en las peleas de seres y de cosas tu displicencia espanta, y todo lo ennegrece y todo lo abrillanta tu mágico prodigio del bien de las ideas. Madre: ¿asciendo o me humillo si gozo o me lamento? Siempre en tus brozas duda mi alma dolorida. Risa me da mi lloro; me hiere mi contento. Y errante peregrino, joh madrel de esa suerte, ¿al lanzarme a la vida me has hundido en la muerte, o mi muerte la cuna labrará de mi vida? Fortunato TORANZOS BARDEL Asunción del Paraguay