Crónica 329 LÓPEZ Y CflXÍAS a) EO EL ABQGEÍRIEQTQ DE P1KYSYRY Al ilustrado ciudadano jurista, literato, cienciado y diplomático Dr. CECILIO BAEZ Con el lin de cautivarme la atención del público, me ­ diante el bien merecido prestigio de su nombre, de ­ dico a Vd. este breve estudio sobre Francisco Solano López. En esta narración nada hay de nuevo, si no fuera la invención de la forma: todas las particularidades son absolutamente históricas. La gigantesca figura del Mariscal López espera toda ­ vía el cultor de crítica histórica que le dé relieve en toda su imponente magnitud. La figura de este hombre, que rodeado de tanta obscu ­ ridad, da expresión a su sentimiento estético con los grandiosos diseños del palacio, del oratorio, del teatro, del hospital; fija sus criterios económicos con una exce ­ lente legislación colonial; y tiene la sugestiva energía de alimentar, por cinco años, las hostilidades victoriosas de su país, pequeño y pobre, contra las fuerzas de tres estados enemigos tan potentes; esta figura se la puede manchar, con el relieve de sus crueldades, pero no se puede ni destruir, ni rechazar. Juzgándola serenamente bajo el punto de vista de un criterio histórico acorde con la psicología individual y colectiva de su época, comparece grandiosa, heróica, imperecedera. Por de pronto estoy seguro que a Vd., gran Mecénas de la cultura patria, no desagradará esta mi breve dis ­ quisición. Con sentimientos de suma consideración le saluda a Vd AFELIO Un mes antes de que el supremo co ­ mando del ejército aliado mandara al mariscal López, una nota con que se le invitaba formalmente a capitular (24 de Diciembre de 1868), el jefe de las armas enemigas, marqués de Caxias, tuvo con él un privado coloquio, con el objeto de inducirlo a aceptar las condiciones de la capitulación que se le comu ­ nicarla oficialmente más tarde. Se entrevistaron los dos, en la mañana del día 10 de Noviembre, cerca dél Piquisiry. López aparecía algo enflaqueci ­ do, pero nada había perdido de su energía y presencia de espíritu. El marqués de Caxlas se mostraba pensativo y melancólico. Tendiéndole su mano López in ­ vitó a sentarse sobre un tronco, dentro de un rancho. López General, comprendo la tris ­ teza de su semblante de Vd.; le ex ­ preso mis condolencias por las gra ­ vísimas pérdidas sufridas por su ejército. Caxias -Yo no sé si tengo que darle a Vd. mis felicitaciones, Ma ­ riscal, por sus victorias, las cuales (1) Este convenio no se efectuó: yo le inventé para galvanizar, mediante la forma dialogística la fría narración histórica de los hechos. El tema me parece de actualidad, pues en Montevideo, una comisión ad-hoc está reuniendo todos los documentos para una historia de la guerra del Paraguay.